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Noviembre 28, 2025 by Profecías Hoy ApocalipsisHnaIndry 0 comments

Estudio Apocalipsis 1:6 – Indry Cortés de Alvarado

Estudio Apocalipsis 1:6 – Indry Cortés de Alvarado 

Saludos queridos hermanos y amigos del programa Profecías Hoy. Continuamos estudiando en forma detallada el libro de Apocalipsis. Estamos en el capítulo 1 y hoy nos corresponde leer el versículo 6 de este capítulo (Apocalipsis 1:6) dice así la Palabra del Señor:

“6 y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén”.

Este es el estatus que Jesús le da a aquellos que Él amó en la cruz y que son lavados con Su sangre. Fíjese usted que hubiera sido suficiente el amarnos y limpiarnos únicamente, pero Él fue más allá y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios su Padre. Esto es más de lo que fue Adán, por así decirlo, ya que aún en la era de la inocencia del Edén nunca leemos de Adán como rey y sacerdote de Dios. ¡Qué cosa más grande ha hecho el Señor por nosotros!

Aquí llegamos también al sexto título que se menciona en el libro de Apocalipsis. Recuerde que veníamos mirando algunos de los títulos que se le daban al Señor. Dice “Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre”.

  • Como santos sacerdotes ofrecemos sacrificios espirituales a Dios de todo lo que somos: nuestras personas, nuestras posesiones, nuestra alabanza y nuestro servicio. Como sacerdotes proclamamos las excelencias de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable (1 Pedro 2:9).
  • Somos reyes. Así que somos la realeza de Dios; esto habla de privilegio, de estatus, de autoridad.

Somos sacerdotes también, así que somos siervos especiales de Dios. Representamos a Dios para los hombres y a los hombres para Dios. Le ofrecemos sacrificios a Él, como dice Hebreos 13:15, que estamos llamados a ofrecer siempre sacrificios de alabanza, es decir, frutos de labios que confiesan Su nombre. Hemos sido justificados y tenemos acceso privilegiado a la presencia de Dios, de acuerdo con Romanos 5:1-2.

Usted sabe que en el Antiguo Testamento estaba prohibido combinar los cargos de rey y sacerdote. El rey Uzías de Judá es un ejemplo de un hombre que intentó combinar ambos cargos y pagó la pena por ello (2 Crónicas 26:16-23). La buena noticia es que bajo el nuevo pacto podemos ser como Jesús, en el sentido de que Él es y fue ambos: Rey y Sacerdote, y no solo sacerdote, sino Sumo Sacerdote. Nosotros somos reyes y sacerdotes.

Ahora, también miramos el séptimo título que dice: “a Él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos”. Esta frase concluyente enfatiza que Él es digno, y subraya Su eternidad. Un amor tan inmenso, eterno, entregado, incondicional e incomprensible, le hace a Jesucristo digno de toda nuestra alabanza, gloria, honra y adoración. ¡cuán maravillosa es meditar en las profundidades de la riqueza espiritual que Dios nos revela por puro amor!

El versículo termina con un “Amén”. Él es el Amén. En el libro de Isaías vemos que ese era uno de Sus títulos. Jesucristo es el tema y el sujeto principal de este libro de Apocalipsis. Él es el motivador de todas las cosas, de todos los sucesos y eventos. Todas las cosas se dirigen a Él. Dice la Palabra que todas las cosas no solo fueron creadas por Él, sino para Él (Colosenses 1:16). Este universo existe para Él.

A la luz de todo lo que Jesús ha hecho por nosotros, nosotros debemos alabarle con todo nuestro corazón, ¿no cree usted? Deberíamos darle el honor, la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Cuando decimos esto, no estamos dándole a Jesús gloria e imperio; simplemente estamos reconociendo que Él ya los tiene, y Le honramos por ello.

El reconocer el imperio de Jesús es el dejarse gobernar por Él, es el permitir que Él gobierne sobre nuestras vidas. Si decimos “a Él sea la gloria e imperio”, entonces nosotros debemos darle a Él el dominio sobre nosotros. Cada persona es un pequeño imperio de tres reinos: cuerpo, alma y espíritu, y nosotros debiéramos dejar que el Señor gobierne cada una de estas áreas para que sea un reino unido. Debemos hacer al Señor Jesucristo el Rey de todo, no permitir que en un lado gobierne el Señor y en otra área gobierne el enemigo o nuestras propias pasiones. Debemos poner toda nuestra vida bajo la influencia del único, sabio e inmutable Rey: nuestro Señor Jesucristo.

“Amén”. La palabra griega amēn (ἀμήν) es una transliteración de una palabra hebrea de sonido similar, cuyo significado es “verdad” o “fidelidad”. Así que, cuando decimos “amén”, como “así sea” o “esto es verdadero”, simplemente significa “sí”. No es un deseo para que pueda llevarse a cabo algo, sino que es una afirmación de que eso es así. Entonces, cuando decimos “a Él sea la gloria y el imperio, amén”, es una realidad: Él será alabado. Esto va a ser así. ¡Gloria a Dios!

¿Usted sabe que ya en el Antiguo Testamento se podían ver los propósitos de Dios para Su pueblo? Leemos en Éxodo 19:6:

 “6 Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.” 

(Estas eran palabras dirigidas a los hijos de Israel).

También en Deuteronomio 28:13 dice: 

“13 Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas,” 

Entonces, los propósitos de Dios ya se dejaban ver en el Antiguo Testamento para Su pueblo.

Nosotros ahora somos el pueblo de Dios. Y en el Nuevo Testamento muchos otros versículos afirman y confirman estos propósitos de Dios.

Por ejemplo, 1 Pedro 2:9 dice: 

“9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;”.

También en 1 Pedro 2:5 leemos que somos piedras vivas edificados como casa espiritual para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

¡Gloria a Dios! Somos sacerdotes del Señor, somos reyes; ya reinamos en la vida por la gracia, como dice el apóstol Pablo en Romanos 5:17: 

“17 Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia”.

Entonces, hermano que me escucha y amigo, no olvide que el Señor Jesús nos hizo reyes. La Biblia dice que somos reyes, que somos de la realeza. Esto habla de un gran rango; no solo nos da un lugar tan elevado delante de Dios, sino que somos de la realeza. Si usted en el mundo natural probablemente siente que no es nada, que el mundo no lo valora, aliéntese y anímese con las palabras de lo que el Señor dice. Lo que el Señor dice de usted es lo que usted es, no lo que el mundo percibe. Y Él dice que nos hizo reyes y sacerdotes para Dios su Padre.

El trabajo del sacerdote no se limitaba a un ritual. Eran encargados de servir a Dios y hacer la unión del perdido con Dios. Hebreos 5:1-4 nos recuerda:

“1 Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados; 2 para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad; 3 y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo. 4 Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón“.

El sacerdote trabajaba en un lugar santo y santísimo, lo que nos habla de la comunión y vida santa, apartada del pecado y de la mundanalidad. Hoy nosotros somos los sacerdotes de Dios, por lo tanto debemos vivir en santidad.

Leamos otra vez el versículo 6 de Apocalipsis: “y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén”. Ser reyes y sacerdotes es un gran privilegio, uno de los mayores que hay en el mundo. Hoy nosotros no debemos olvidar esto: tenemos que alentarnos, porque las cosas se van a ir poniendo más difíciles cada vez, y para los hijos de Dios también vendrán tiempos difíciles. Pero recuerde: nosotros somos reyes y sacerdotes, tenemos este ministerio, este llamado, este propósito de Dios, y debemos animarnos.

Termino con un versículo que menciona lo mismo otra vez. Apocalipsis 5:10 dice que nos ha hecho “para nuestro Dios, reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra”. La iglesia no sólo es un pueblo bajo un Rey, sino que además participa del reinado mesiánico de Cristo.

Recuerde que a los israelitas se les prometió que si obedecían a Dios, entonces serían la posesión preciada de Dios entre todas las naciones de la tierra, y serían para Dios un reino de sacerdotes y una nación santa. Nosotros, en el nuevo pacto, somos a través de Cristo Jesús hechos ya reyes y sacerdotes.

Que el Señor les bendiga y que podamos vivir de acuerdo a este tremendo estatus que tenemos en Cristo Jesús. Muchas bendiciones, queridos hermanos.



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