Estudio Apocalipsis 1:7 – Indry Cortés de Alvarado
Estudio Apocalipsis 1:7 – Indry Cortés de Alvarado
Bendiciones hermanos y amigos, les saludo una vez más en este día recordando siempre que nuestro Señor Jesucristo viene, y muy pronto. Continuamos con el estudio del libro de Apocalipsis. Estamos en el capítulo 1, y hoy vamos a estudiar el versículo 7. Dice así la Palabra del Señor:
“7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”.
Vamos en detalle.
Dice aquí la primera parte: “He aquí que viene”. El apóstol Juan pasa de alabar a Jesús a describir Su regreso. Él quiere que veamos la venida de Jesús, que prestemos atención. Jesús mismo dijo que observáramos y esperáramos por Su venida: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42). Esto es algo que debemos mantener en mente.
Como señala el comentarista David Guzik, esta no era una visión sobrenatural del regreso de Jesús (esa vendría después), sino una descripción basada en el entendimiento de Juan de las promesas del Antiguo Testamento sobre el retorno del Mesías y de las propias palabras de Jesús. Por ejemplo, Juan sabía que Jesús regresaría porque Él mismo dijo: “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (Juan 14:3). Cristo no se fue al cielo para quedarse allí para siempre; Él se fue para beneficio de la iglesia, y por ese mismo beneficio volverá otra vez. La verdad de Su venida es como un imán que nos acerca más a Él, levantando nuestra mirada por encima del mundo y de nosotros mismos para fijarla solo en Él.
“Viene con las nubes”. Cuando Jesús regrese, estará rodeado de nubes. Esto será literal, porque cuando Jesús dejó esta tierra, fue tomado en una nube, y Dios dijo que regresaría de la misma manera (Hechos 1:9-11). Pero también será cierto en un sentido figurado, porque multitudes de creyentes son llamados “nube de testigos” en Hebreos 12:1. Las nubes están comúnmente asociadas con la presencia y la gloria de Dios. En el Antiguo Testamento, a esto se le llamaba la Shekinah, la gloria visible de Dios (Éxodo 13:21-22; 16:10; 19:9; 24:15-18). Al entender esta conexión con la gloria de Dios, nos damos cuenta de lo maravilloso que es que a los creyentes se les llame también una nube de testigos.
Juan no necesitó una visión especial para saber que el Señor viene con las nubes. Él sabía esto porque estaba escrito en el Antiguo Testamento (Daniel 7:13-14) y en las propias palabras de Jesús: “y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo y todo ojo le verá”. (Mateo 26:64).
“Y todo ojo le verá”. Cuando Jesús regrese, no será una venida secreta; todos lo sabrán. En Su primera venida fue, en cierto modo, más discreta; no todos reconocieron que Él era el Señor y el Mesías. De hecho, durante su primer ministerio, Él nunca apareció en las primeras noticias de Roma. Pero cuando regrese, todo ojo le verá y lo sabrá. Juan no necesitó una visión especial para saber esto; escuchó al mismo Jesús decir:
“26 Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. 27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre”. (Mateo 24:26-27).
Esto revela la venida física y visible de Cristo. Cuando Juan escribió “y todo ojo le verá”, indicaba que Su aparición será una aparición física corporal que podrá apreciarse visualmente. Según las Escrituras, cuando nuestro Señor Jesucristo saque a la iglesia de la tierra. Es decir, a todos los creyentes de este mundo en el arrebatamiento de la iglesia y los lleve a los cielos, Él no será visible para todos. Nosotros nos encontraremos con Él en las nubes, como se lee en 1 Tesalonicenses 4:17. Sin embargo, el énfasis en este libro profético de Apocalipsis es sobre Su venida a la tierra para establecer Su reino, y esta afirmación (“todo ojo le verá”) se refiere a ese momento glorioso y público cuando toda la humanidad contemplará Su retorno en poder y gran gloria, después de la tribulación.
“Y los que le traspasaron”. Cuando Jesús vuelva, será una revelación particularmente significativa para el pueblo judío. Por supuesto, no fueron únicamente los judíos los que le traspasaron, porque en un sentido todos nosotros le traspasamos con nuestros pecados. Pero sabemos que Juan tiene en mente la revelación de Jesús para su propio pueblo, porque esto es una alusión a Zacarías 12:10. Cuando Jesús se revele a sí mismo, a su propio pueblo, los judíos, no será con ira.
En ese tiempo la nación judía ya habrá vuelto a Jesús y habrá podido darse cuenta de que Él era el Mesías (Mateo 23:39; Romanos 11:25-26). Cuando ellos vean a Jesús y Sus manos y pies traspasados, será un doloroso recuerdo de su previo rechazo hacia Él, cumpliéndose así la profecía de Zacarías 12:10:
“10 Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.”.
Juan no necesitó una visión especial para saber que los que le traspasaron se lamentarían al verle nuevamente, porque ya estaba escrito en la profecía. Por supuesto, él recibió por el Espíritu Santo esa impartición para tener la claridad, en ese momento de lo que iba a pasar en el futuro y escribirlo.
“Y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él”. Cuando Jesús regrese, no solamente será el pueblo judío el que hará lamentación por haberle rechazado; habrá mucha otra gente. En Apocalipsis 7:9 se describe una gran multitud de todas las naciones. Todos, al ver las cicatrices en Jesús, sabremos que por causa nuestra las tiene. En otras palabras, esas cicatrices son marcas del amor de Dios por nosotros, al tomar el Señor Jesucristo nuestro lugar y llevar nuestra pena y culpa en la cruz del Calvario, marcas de amor.
Juan no necesitó una visión especial para saber que todos los linajes de la tierra harían lamentación por Él; necesitó solamente recordar las palabras de Jesús:
“30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.” (Mateo 24:30).
El versículo termina con un “Sí, amén”. Amén (ἀμήν) significa “así sea”, “así será”.
Es una afirmación de certeza, porque el Señor Jesucristo es fiel. Él no va a cambiar Su plan ni Su modo de pensar. Él es fiel y constante en todo, siempre. Confiemos en Él, siempre.
Nosotros, como cristianos, debemos recordar que el Señor viene. “He aquí”, viene. Nuestro Señor dijo que venía pronto, así que levantemos nuestros ojos y estemos contentos de que nuestro Señor es fiel, permanece para siempre y Su reino es inconmovible.
Que el Señor les bendiga.
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