Estudio Apocalipsis 1:17 – Indry Cortés de Alvarado
Estudio Apocalipsis 1:17 – Indry Cortés de Alvarado
Bendiciones queridos hermanos y amigos. Continuaremos con el estudio de Apocalipsis en el capítulo 1, versículo 17, dice así la palabra del Señor:
“17 Cuando le vi, caí como muerto a sus pies; y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último”.
Apocalipsis nos hace reflexionar en Jesucristo más que en ningún otro libro. Y tenemos que aprender a disfrutar las revelaciones del Señor escritas en este libro que es Su Palabra, y poder reconocerlo y adorarlo por lo que Él es.
“Cuando le vi, caí como muerto a sus pies”. Juan fue impactado por esta asombrosa visión, aún cuando él era un apóstol que conoció a Jesús en esta tierra, y aunque había pasado tres años con el Señor Jesús mientras era uno de sus discípulos, esto no le preparó para ver a Jesús en Su gloria celestial. Él no estaba preparado para ver al Señor glorificado en gloria y majestad. Por eso dice “cuando le vi, caí como muerto a sus pies”. La idea es que Juan creía que se iba a morir. En este momento, Juan percibió que el milagro de poder estar viendo al Señor glorificado y todavía mantenerse vivo era poco probable. Él estaba viendo al Señor en Su gloria y majestad, en toda Su autoridad.
No sé si a usted le alarma la idea de morir, le alarma la muerte. Pero hubo un predicador llamado Spurgeon que dijo: “Nunca hemos estado más vivos que cuando estamos a sus pies”. Y de ahí nosotros podemos entender la importancia de morir a nosotros mismos para vivir al Señor. El apóstol Pablo dijo en Gálatas: “No vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20). Y si usted lo medita bien, sabe que es más fácil decirlo que vivirlo. Pero nosotros tenemos que aprender a estar muertos a nosotros para vivir para el Señor, porque es la única forma en que podamos realmente llevar gloria a Dios y presentar al mundo a Jesucristo glorificado.
También dijo el mismo predicador: “No importa que nos depare el futuro; si estamos a los pies de Jesús, mejor es estar muerto allí que estar vivo en cualquier otro lugar”. Es decir, es mejor estar muerto, rendido a los pies del Señor Jesucristo, que estar vivo fuera de la voluntad de Dios.
“Y él puso su diestra sobre mí”. Primero Jesús consoló a Juan con un toque compasivo. Cristo le manifiesta que no iba a morir. Quizás el toque de Jesús se sintió más familiar que la apariencia de Jesús. Luego Jesús le dice a Juan: “No temas”. Es como un mandato: no temas. Juan no necesitaba sentir temor porque él estaba en la presencia de Jesús. Al poner su diestra sobre Juan, Cristo le transmite poder y bendición. Es una mano que comisiona a Juan y que restaura toda su confianza, preparándole para escuchar las palabras de consuelo y los mandamientos.
Recuerde que en más de una ocasión Juan había escuchado estas palabras tan familiares para él: “No temáis”. Por ejemplo, cuando Jesús se acercó a los discípulos caminando sobre el agua (Mateo 14:27), o también cuando el Señor se transfiguró delante de ellos (Mateo 17:7). No hay ninguna razón para temer cuando es el Señor el que está hablando, el primero y el último.
“Yo soy el primero y el último”. Este título es esencialmente el mismo con el que en el Antiguo Testamento también se presenta Dios. También nosotros lo encontramos en Apocalipsis 1:8 como “el Alfa y la Omega”, y en Apocalipsis 22:13 ambos títulos quedan unidos por medio de un tercero, donde dice que el Señor es el principio y el fin. En Isaías 44:6, Dios afirma: “Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios”. Se confirma la misma idea en Isaías 48:12. Este título subraya la absoluta soberanía de Dios. Por ello, en el libro de Apocalipsis las palabras “No temas” proceden de alguien que es soberano. Ni siquiera la muerte puede ser causa de terror para aquellos que creen en el Señor, pues Él es aquel que vive y que conquistó, derrotó la muerte con poder. ¡Aleluya! Jesús es el primero y el último, el Dios de toda la eternidad, Señor de la eternidad pasada, futura y del presente. Él solo es Dios, el Señor absoluto de la historia y el Creador.
Cuando Juan tuvo esta visión gloriosa del Señor, la reacción de él fue caer como muerto a sus pies. Juan no era un desconocido del Señor Jesús. Los evangelios nos dicen (Juan 13:23) que Juan se recostaba, se reclinaba en el pecho del Señor Jesús durante la Última Cena. Sin embargo, frente a esta visión de Cristo glorificado, él cae. Y yo creo que todos nosotros, frente al Cristo glorificado, debiéramos caer de rodillas delante de Él, adorándole y reconociéndole.
Necesitamos hoy en día esa misma actitud de respeto. Muchos se han familiarizado tanto con el Señor que parece que ya le han perdido el respeto, y se refieren al Señor de maneras irrespetuosas muchas veces. Nosotros tenemos que respetar al Señor, reverenciarlo, adorarlo, porque Él es el Cordero que fue inmolado, y como dice Apocalipsis 5:12, Él es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.
Cuando él cayó como muerto a sus pies, fue porque estaba teniendo una revelación tremenda que algunos otros personajes en la Biblia tuvieron, como Daniel (Daniel 8:17; 10:9) y el profeta Ezequiel (Ezequiel 1:28; 3:23). El que Dios se pueda revelar a los humanos es algo majestuoso en sí mismo. El que Él quiera revelarse y mostrarse a nosotros es algo que nos debe llenar de regocijo, de alegría, porque es un privilegio. Y nosotros tenemos la revelación gloriosa de Dios, de nuestro Señor Jesucristo, en Su Palabra.
El Señor siempre tiene cuidado de nosotros, como lo tuvo de Juan, que puso su diestra sobre él. El Señor siempre pone sus manos, y donde Dios pone sus manos de amor y de misericordia para darnos ánimo, produce un cambio en nuestras vidas. Cuando le dice “No temas”, está dándole palabras de ánimo y mostrándole que Él es el Alfa y la Omega, que Él tiene el control de todas las cosas. El Señor tiene el control de nuestras vidas y nosotros frente a Él no tenemos que temer.
En este tiempo que vivimos, hemos estado viviendo de manera global, mundial, situaciones difíciles. Algunas que han tratado de causar miedo y temor en el ser humano, temor a la muerte básicamente. Pero el Señor nos dice: “No temas, tu vida está en mis manos”. Y si nosotros vivimos para el Señor, vivimos; y si nosotros morimos para el Señor, morimos, dice el apóstol Pablo (Romanos 14:8). Así que debemos regocijarnos en Él.
Resumiendo brevemente la idea de este versículo: Aunque esta visión dejó completamente atónito al apóstol Juan, también trajo palabras de ánimo y de bendición. Juan era el más joven de los apóstoles, y él estuvo muy cerca del Señor. Juan tenía una confianza absoluta en su Señor y Maestro, era su amigo y compañero, pero esta visión fue tremenda y poderosa. Yo creo que nosotros debemos pedirle al Señor ser impactados por Su presencia, por Su persona, y debemos estar dispuestos a morir a nosotros mismos para vivir para Él, caer como muertos a sus pies. Cuando usted y yo lleguemos a la presencia del Señor Jesucristo, lo veremos también como el Cristo glorificado. Creo que debemos respetar a nuestro Señor y tenerle reverencia.
Recuerde lo que dijo Jesús en Juan 15:14: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”. Entonces nosotros debemos buscar la presencia del Señor, respetarle, obedecerle y amarle.
Juan, en medio de ese momento en que está caído, desmayado, paralizado, deslumbrado, escucha la clara y firme voz de su amado Señor Jesucristo, por el cual él estaba sufriendo el exilio en la isla de Patmos, que le dice con mucho amor, con mucha ternura: “No temas”. Este es nuestro Señor y Salvador, este es nuestro Dios, el que se compadece de nuestra humanidad, que comprende nuestros temores y desalientos, y que nos dice: no temas porque yo estoy contigo; no temas porque yo soy el primero y el último; no temas porque yo soy el Dios eterno, el que interviene en tu vida, el que tiene el control, el que estaba antes de que los montes naciesen y la tierra fuese formada; Yo Soy, y soy tu Dios.
Así como el Señor le dijo a Juan “No temas”, así mismo el Señor en este día nos anima en medio las enfermedades que atacan el mundo, en medio de los temblores y terremotos, en medio de los grandes desastres naturales, en medio de las grandes situaciones de conflicto y sediciones que hay en el mundo. El Señor nos dice: “No temas, porque yo estoy contigo y yo soy tu Dios”.
Que el Señor les bendiga.
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