Estudio Apocalipsis 1:19 – Indry Cortés de Alvarado
Estudio Apocalipsis 1:19 – Indry Cortés de Alvarado
Bendiciones, hermanos y amigos. En esta oportunidad, estaremos reflexionando sobre el siguiente estudio del libro de Apocalipsis en el capítulo 1, versículo 19. Dice así la palabra del Señor:
“19 Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas”.
“Escribe las cosas”. Aquí se le ordena a Juan que escriba lo que él ve. Se le ordenó escribir otras once veces en el libro de Apocalipsis. Nos damos cuenta que fue importante que se le dijera a Juan “escribe”, ya que de otro modo él podría haber guardado para sí mismo la revelación. No quiero hacer una doctrina de esto, pero pienso que es muy recomendable escribir lo que el Señor nos muestra, y a su debido tiempo, compartirlo si el Señor así nos lo ordena. De otra manera, siempre es mejor esperar la orden del Señor.
Recuerde que a veces Dios nos trae información, nos revela algo a través de sueños y visiones, y eso es la revelación de Dios, lo que Dios mismo nos está mostrando. Pero nosotros necesitamos entenderla, es decir, necesitamos obtener la interpretación de esa revelación de Dios, y luego la aplicación. Siempre escriba lo que usted piensa que el Señor le está revelando, y ore al Señor, y Él le va a mostrar de qué se trata.
En este mandato de escribir se nos muestra, se nos da la estructura para entender el libro de Apocalipsis. A Juan se le dijo que escribiera en cuanto al pasado, al presente y al futuro (desde la perspectiva de Juan, por supuesto).
- “Las cosas que has visto”: Esto significa que Jesús quería que Juan escribiera las cosas que él había visto en su visión del Jesús glorificado, del Jesús celestial y glorioso.
- “Y las que son”: Esto significa que Jesús quería que Juan escribiera las cosas de su día presente, las cosas en cuanto a las siete iglesias que estaban en Asia.
- “Y las que han de ser después de estas”: Esto significa que Jesús quería que Juan escribiera las cosas que pasarían después, las cosas de los últimos días.
Hasta donde nosotros podemos darnos cuenta, el libro de Apocalipsis es el único libro de la Biblia que contiene un bosquejo inspirado de su contenido:
- “Las cosas que has visto” se refiere a la visión misma que Juan tuvo en el capítulo 1 de Apocalipsis.
- “Las cosas que son” incluye los capítulos 2 y 3, los mensajes especiales a las iglesias, a las siete iglesias.
- “Las cosas que han de ser después de estas” cubre los sucesos que se describen en los capítulos 4 al 22.
Nosotros podemos resumir las características básicas de este asombroso y maravilloso libro de Apocalipsis de la siguiente manera:
- Es un libro cristocéntrico:
Este libro que se le mandó a Juan a escribir es un libro cristocéntrico. Con certeza todas las Escrituras hablan del Salvador, pero el libro de Apocalipsis magnifica en forma especial la grandeza y gloria de nuestro Señor Jesucristo. El libro es, después de todo, la revelación de Jesucristo, y no simplemente la revelación de sucesos futuros.
- Es un libro abierto:
A Juan no se le dijo que sellara el libro (Apocalipsis 22:10), porque el pueblo de Dios necesita el mensaje que contiene. Apocalipsis se puede entender, a pesar del hecho de que contiene misterios que tal vez nunca se comprendan sino hasta que nos veamos ante el trono de Dios. Juan envió el libro a las siete iglesias de Asia Menor con la expectación de que cuando los mensajeros lo leyeran en voz alta, los santos oyentes entenderían lo suficiente de su verdad como para recibir gran estímulo en sus propias situaciones difíciles.
- Es un libro lleno de símbolos:
Los símbolos bíblicos son eternos en su mensaje y sin límites en su contenido. Por ejemplo, el símbolo de Babilonia se origina en Génesis capítulos 10 y 11, y su significado crece conforme uno lo rastrea en todas las Escrituras, llegando a su punto máximo en Apocalipsis, capítulos 17 y 18. Lo mismo es cierto de los símbolos del Cordero y de la Esposa. Es emocionante profundizar más estos símbolos que nosotros encontramos en el libro de Apocalipsis.
- Es un libro de profecía:
Esto se indica en forma definitiva en Apocalipsis 1:3; 22:7, 10, 18 y 19. Las cartas a las siete iglesias de Asia Menor tratan de necesidades inmediatas de esas asambleas (necesidades que todavía hay en las iglesias de hoy), pero el resto del libro se dedica casi por entero a revelaciones proféticas. Fue al ver presentado al Cristo victorioso que los creyentes perseguidos hallaron ánimo, estímulo para su difícil tarea de testificar. Cuando se tiene la certeza del futuro, se tiene estabilidad en el presente. Juan mismo estaba sufriendo bajo la mano del imperio romano, así que el libro brotó en medio de esa fricción.
- Es un libro pertinente:
Juan escribió sobre las cosas que deben suceder pronto (Apocalipsis 1:1), porque el tiempo está cerca (Apocalipsis 1:3). La expresión “en breve” no quiere decir “pronto” o “de inmediato”, sino rápido, vertiginosamente rápido. Dios no mide el tiempo como nosotros. Recuerde lo que dice 2 Pedro 3:1-10: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. Nadie sabe cuándo va a volver nuestro Señor, pero cuando Él empieza a abrir los sellos del rollo que encontramos en Apocalipsis 6:1 en adelante, los sucesos ocurrirán con gran rapidez y sin interrupción.
- Es un libro majestuoso:
Apocalipsis es el libro del trono, porque la palabra “trono” se halla 46 veces en el libro de Apocalipsis. Este libro magnifica la soberanía de Dios. A Cristo se le presenta en su gloria y dominio.
- Es un libro universal:
Juan vió a naciones y pueblos (Apocalipsis 10:11; 11:9; 17:15) como parte del programa de Dios, también vio el salón del trono del cielo y oyó voces desde el fin del universo.
- Es un libro que nos lleva a un punto climático:
Esto quiere decir que Apocalipsis tiene el punto máximo de toda la Biblia. Todo lo que empezó en Génesis será completado y se cumplirá conforme a la voluntad soberana de Dios. Él es el Alfa y la Omega, el principio y el fin: lo que Dios empieza, lo termina.
Pero antes de visitar el trono del cielo, debemos hacer una pausa para escuchar al que anda en medio de los siete candeleros de oro, mientras revela las necesidades personales de nuestras iglesias y de nuestros corazones. El que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias (Apocalipsis 2:7).
Si nosotros nos podemos dar cuenta, era muy importante que Juan escribiera esta tremenda revelación que él estaba recibiendo desde el mismo trono de Dios. Nosotros, a través de la lectura de este libro, podemos darnos cuenta de lo maravilloso que es nuestro Señor Jesucristo y que un día, muy pronto (así lo creo yo, y lo siento en mi espíritu, de acuerdo a lo que puedo entender de las profecías bíblicas cumpliéndose), muy pronto el Señor Jesucristo volverá, y nosotros también le veremos, en gloria y majestad.
Así que mantengámonos firmes y fieles hasta su venida, y entre tanto que aquel día se acerca, santifiquémonos, limpiémonos para poder ir al encuentro de nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo.
Que el Señor les bendiga.
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Read MoreEstudio Apocalipsis 1:18 – Indry Cortés de Alvarado
Estudio Apocalipsis 1:18 – Indry Cortés de Alvarado
Bendiciones, hermanos y amigos. Continuaremos con el estudio del libro de Apocalipsis en el versículo 18 del capítulo 1 del libro de Apocalipsis. Dice así la Palabra del Señor:
“18 y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”.
En el estudio anterior, nosotros estuvimos viendo que cuando el apóstol Juan, estando en la isla de Patmos, tuvo una de las revelaciones del Señor glorificado, él cayó como muerto a sus pies y tuvo temor. Sin embargo, el Señor le da palabra y le da razones para que él no tema. Una de las razones que nosotros vimos en el versículo 17 que estudiamos, es que el Señor le dice: “No temas, porque yo soy el primero y el último”.
Ahora en este versículo vamos a ver las siguientes cuatro razones por las cuales el Señor le dice a Juan que no debía temer:
La primera razón es que Él es el primero porque no hubo nadie antes que él y él es el último porque no hay nadie que le pueda seguir.
La segunda razón por la cual no debemos sentir temor (porque aunque el Señor se lo está hablando a Juan, toda la Palabra de Dios también aplica a nosotros, y en especial esto frente a lo que es el temor). Jesucristo le dice: “Soy el que vivo y estuve muerto”. Estas palabras hicieron recordar a Juan la realidad más importante de toda la historia de la humanidad. Jesús murió, pero resucitó. Y Él venció la muerte con poder. Y eso es exactamente lo que dijo el apóstol Pablo cuando formuló esta pregunta (Romanos 8:34), donde dice: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún, el que también resucitó; el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros”.
Este es un aspecto maravilloso acerca del perdón de Dios. Si llegamos ante el Señor con nuestras cargas, con los pecados que hemos cometido, sean grandes o pequeños, como nosotros muchas veces decimos, graves, terribles, no importa; Dios nos acepta incondicionalmente si venimos realmente con un corazón arrepentido delante de Él, porque dice su Palabra que al corazón contrito y humillado Dios no desprecia (Salmo 51:17). Dios nos escucha, nos limpia con la sangre que su Hijo Jesucristo vertió en la cruz y nos acepta en Jesucristo. En la Biblia leemos que Dios tira todas nuestras iniquidades lejos. Porque Él en la cruz del Calvario pagó por nuestros pecados y venció para que nosotros pudiésemos estar nuevamente en comunión con Dios. Y más aún, dice la Palabra de Dios que Él borra nuestros pecados, pero también borra los pecados de su memoria. Esto significa que con Dios podemos comenzar de nuevo como personas nuevas. Porque cuando nacemos de nuevo (2 Corintios 5:17), el que está en Cristo es una nueva criatura; las cosas viejas pasaron, y todas son hechas nuevas. Es decir, tenemos nuevos comienzos.
Y quizás usted me diga: “Pero hermana, yo ya nací de nuevo hace 5 años, hace 20 años”. Pero si usted se ha apartado del Señor en alguna manera, si cayó en pecado, si algo le está separando de Dios, el Señor quiere decirle que hoy es el día para los nuevos comienzos. Ríndase a los pies del Señor, pídale perdón por sus pecados, y el Señor le dará una nueva oportunidad, porque nuestro Dios siempre quiere restaurarnos. Gloria a Dios por eso, porque el corazón del Señor es para restaurarnos. Quizás los seres humanos nos hundimos unos a otros, pero el corazón del Señor quiere levantarnos, restaurarnos para que nosotros podamos vivir para su gloria. Entonces Él está a la diestra de Dios. Es maravilloso esto: Él está vivo, Él intercede por nosotros, Él ora por nosotros. Así es nuestro Dios.
La tercera razón por la cual nosotros no debemos temer es: “Mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos”. ¡Amén! Esta es una afirmación que nos tranquiliza. Jesucristo nos recuerda que está vivo en nuestro tiempo presente, que su acción es continua, que Él no solo está juzgando, sino que está intercediendo día tras día. Cada día, cada mes, cada año, Él está intercediendo por nosotros. Si usted lee el libro de Hebreos, dice que nuestro Sumo Sacerdote, el Señor Jesucristo, vive siempre para interceder por nosotros (Hebreos 7:25). Ese Sumo Sacerdote es el que Dios proveyó en Cristo Jesús. Por lo tanto, no debemos temer.
La cuarta razón para no sentir temor que el Señor Jesucristo menciona en esta parte de la Escritura es que Él tiene las llaves de la muerte y del Hades. Estas llaves nos hablan de su autoridad y de su poder. Él es el Señor Jesús, el que tiene el poder sobre la tumba, sobre la muerte. Y ahora mismo nosotros podemos dar gracias a Dios por su resurrección, porque también dice el apóstol Pablo (Romanos 4:25) que Él murió por nuestras transgresiones, pero resucitó para nuestra justificación. Gloria a Dios, porque Él resucitó y venció la muerte.
La palabra Hades (ᾅδης) es la palabra griega para el mundo que no se ve; puede referirse a la tumba o al lugar donde va el espíritu. Pero uno no debe tener temor a nada ni a nadie, excepto de Aquel que tiene autoridad y poder para quitarnos la vida, para echar el cuerpo y el alma al infierno, como dijo el Señor Jesucristo (Mateo 10:28). Pero nuestro Señor Jesucristo nos anima afirmándonos aquí que Él tiene las llaves, Él es quien puede quitar de nosotros ese temor de la muerte.
Jesús es Aquel que está vivo y estuvo muerto, y ahora está vivo por los siglos de los siglos. Él tiene las credenciales de la resurrección y vive para nunca jamás morir. La victoria que Jesús ganó sobre el pecado y la muerte fue una victoria permanente. Él no resucitó de los muertos para morir otra vez. Jesús es Aquel que tiene las llaves de la muerte y del Hades.
Algunos se imaginan que el diablo es algo así como el señor del infierno. Algunos imaginan que el diablo tiene autoridad o poder para determinar la vida o la muerte. Claramente están equivocados, pues solo Jesús tiene las llaves de la muerte y del Hades. Podemos confiar en Jesús; nunca dejará que el diablo tome las llaves.
Hermosos son los versículos que hemos acabado de leer entre este estudio y el pasado, en los versículos 17 y 18: el apóstol cayó como muerto a sus pies, pero el Señor le dio esta palabra inmensa, esta palabra poderosa: “No temas”. Y el Señor en este día a ti también te dice lo mismo: “No temas”. Dondequiera que te encuentres y estés leyendo o escuchando estos estudios, si el temor quiere invadir tu corazón, quiere invadir tu mente, quiere invadir tus emociones, el Señor te dice: No temas.
No tenemos que temer, porque Él es el que vive. No debemos temer a la muerte, porque Él ha muerto y está vivo, habiendo vencido la muerte. No debemos temer a la eternidad, porque Él tiene las llaves del Hades y de la muerte. Él tiene toda la autoridad.
El Señor se presentó en forma majestuosa a Juan porque Él había vencido la muerte. Y cuando nosotros estamos con el Señor y su presencia está con nosotros, no tenemos que temer. En estos versículos que hemos leído, tenemos estas cuatro razones para no temer. ¡Gloria a Dios! Porque si no fuera por el Señor, nosotros realmente estaríamos desesperados, no tendríamos esperanza.
Pero la idea implicada en estos versículos (de que el Señor es el primero y el último) se amplía con la idea de que Él vive, de que Él es el Dios vivo, se fortalece con la idea de que Él tiene las llaves de la muerte y del Hades. Cristo posee la vida, y por lo tanto nosotros debemos darnos cuenta de que hay una diferencia entre Él y los dioses que las personas tienen, que son dioses muertos. Nosotros tenemos un Dios vivo, esa es la gran diferencia: un Dios que se comunica con nosotros, un Dios que se manifiesta a nosotros.
Así que no hay razón para temer, no hay razón para estar en pánico. Por supuesto, hay cosas en las que hay que actuar y tomar ciertas precauciones. Pero no debemos en nuestro corazón estar en pánico, porque el Señor tiene todo el poder, toda la autoridad, todo el dominio sobre todo lo que existe en este mundo.
Que el Señor les bendiga.
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Estudio Apocalipsis 1:17 – Indry Cortés de Alvarado
Bendiciones queridos hermanos y amigos. Continuaremos con el estudio de Apocalipsis en el capítulo 1, versículo 17, dice así la palabra del Señor:
“17 Cuando le vi, caí como muerto a sus pies; y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último”.
Apocalipsis nos hace reflexionar en Jesucristo más que en ningún otro libro. Y tenemos que aprender a disfrutar las revelaciones del Señor escritas en este libro que es Su Palabra, y poder reconocerlo y adorarlo por lo que Él es.
“Cuando le vi, caí como muerto a sus pies”. Juan fue impactado por esta asombrosa visión, aún cuando él era un apóstol que conoció a Jesús en esta tierra, y aunque había pasado tres años con el Señor Jesús mientras era uno de sus discípulos, esto no le preparó para ver a Jesús en Su gloria celestial. Él no estaba preparado para ver al Señor glorificado en gloria y majestad. Por eso dice “cuando le vi, caí como muerto a sus pies”. La idea es que Juan creía que se iba a morir. En este momento, Juan percibió que el milagro de poder estar viendo al Señor glorificado y todavía mantenerse vivo era poco probable. Él estaba viendo al Señor en Su gloria y majestad, en toda Su autoridad.
No sé si a usted le alarma la idea de morir, le alarma la muerte. Pero hubo un predicador llamado Spurgeon que dijo: “Nunca hemos estado más vivos que cuando estamos a sus pies”. Y de ahí nosotros podemos entender la importancia de morir a nosotros mismos para vivir al Señor. El apóstol Pablo dijo en Gálatas: “No vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20). Y si usted lo medita bien, sabe que es más fácil decirlo que vivirlo. Pero nosotros tenemos que aprender a estar muertos a nosotros para vivir para el Señor, porque es la única forma en que podamos realmente llevar gloria a Dios y presentar al mundo a Jesucristo glorificado.
También dijo el mismo predicador: “No importa que nos depare el futuro; si estamos a los pies de Jesús, mejor es estar muerto allí que estar vivo en cualquier otro lugar”. Es decir, es mejor estar muerto, rendido a los pies del Señor Jesucristo, que estar vivo fuera de la voluntad de Dios.
“Y él puso su diestra sobre mí”. Primero Jesús consoló a Juan con un toque compasivo. Cristo le manifiesta que no iba a morir. Quizás el toque de Jesús se sintió más familiar que la apariencia de Jesús. Luego Jesús le dice a Juan: “No temas”. Es como un mandato: no temas. Juan no necesitaba sentir temor porque él estaba en la presencia de Jesús. Al poner su diestra sobre Juan, Cristo le transmite poder y bendición. Es una mano que comisiona a Juan y que restaura toda su confianza, preparándole para escuchar las palabras de consuelo y los mandamientos.
Recuerde que en más de una ocasión Juan había escuchado estas palabras tan familiares para él: “No temáis”. Por ejemplo, cuando Jesús se acercó a los discípulos caminando sobre el agua (Mateo 14:27), o también cuando el Señor se transfiguró delante de ellos (Mateo 17:7). No hay ninguna razón para temer cuando es el Señor el que está hablando, el primero y el último.
“Yo soy el primero y el último”. Este título es esencialmente el mismo con el que en el Antiguo Testamento también se presenta Dios. También nosotros lo encontramos en Apocalipsis 1:8 como “el Alfa y la Omega”, y en Apocalipsis 22:13 ambos títulos quedan unidos por medio de un tercero, donde dice que el Señor es el principio y el fin. En Isaías 44:6, Dios afirma: “Yo soy el primero y yo soy el último, y fuera de mí no hay Dios”. Se confirma la misma idea en Isaías 48:12. Este título subraya la absoluta soberanía de Dios. Por ello, en el libro de Apocalipsis las palabras “No temas” proceden de alguien que es soberano. Ni siquiera la muerte puede ser causa de terror para aquellos que creen en el Señor, pues Él es aquel que vive y que conquistó, derrotó la muerte con poder. ¡Aleluya! Jesús es el primero y el último, el Dios de toda la eternidad, Señor de la eternidad pasada, futura y del presente. Él solo es Dios, el Señor absoluto de la historia y el Creador.
Cuando Juan tuvo esta visión gloriosa del Señor, la reacción de él fue caer como muerto a sus pies. Juan no era un desconocido del Señor Jesús. Los evangelios nos dicen (Juan 13:23) que Juan se recostaba, se reclinaba en el pecho del Señor Jesús durante la Última Cena. Sin embargo, frente a esta visión de Cristo glorificado, él cae. Y yo creo que todos nosotros, frente al Cristo glorificado, debiéramos caer de rodillas delante de Él, adorándole y reconociéndole.
Necesitamos hoy en día esa misma actitud de respeto. Muchos se han familiarizado tanto con el Señor que parece que ya le han perdido el respeto, y se refieren al Señor de maneras irrespetuosas muchas veces. Nosotros tenemos que respetar al Señor, reverenciarlo, adorarlo, porque Él es el Cordero que fue inmolado, y como dice Apocalipsis 5:12, Él es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza.
Cuando él cayó como muerto a sus pies, fue porque estaba teniendo una revelación tremenda que algunos otros personajes en la Biblia tuvieron, como Daniel (Daniel 8:17; 10:9) y el profeta Ezequiel (Ezequiel 1:28; 3:23). El que Dios se pueda revelar a los humanos es algo majestuoso en sí mismo. El que Él quiera revelarse y mostrarse a nosotros es algo que nos debe llenar de regocijo, de alegría, porque es un privilegio. Y nosotros tenemos la revelación gloriosa de Dios, de nuestro Señor Jesucristo, en Su Palabra.
El Señor siempre tiene cuidado de nosotros, como lo tuvo de Juan, que puso su diestra sobre él. El Señor siempre pone sus manos, y donde Dios pone sus manos de amor y de misericordia para darnos ánimo, produce un cambio en nuestras vidas. Cuando le dice “No temas”, está dándole palabras de ánimo y mostrándole que Él es el Alfa y la Omega, que Él tiene el control de todas las cosas. El Señor tiene el control de nuestras vidas y nosotros frente a Él no tenemos que temer.
En este tiempo que vivimos, hemos estado viviendo de manera global, mundial, situaciones difíciles. Algunas que han tratado de causar miedo y temor en el ser humano, temor a la muerte básicamente. Pero el Señor nos dice: “No temas, tu vida está en mis manos”. Y si nosotros vivimos para el Señor, vivimos; y si nosotros morimos para el Señor, morimos, dice el apóstol Pablo (Romanos 14:8). Así que debemos regocijarnos en Él.
Resumiendo brevemente la idea de este versículo: Aunque esta visión dejó completamente atónito al apóstol Juan, también trajo palabras de ánimo y de bendición. Juan era el más joven de los apóstoles, y él estuvo muy cerca del Señor. Juan tenía una confianza absoluta en su Señor y Maestro, era su amigo y compañero, pero esta visión fue tremenda y poderosa. Yo creo que nosotros debemos pedirle al Señor ser impactados por Su presencia, por Su persona, y debemos estar dispuestos a morir a nosotros mismos para vivir para Él, caer como muertos a sus pies. Cuando usted y yo lleguemos a la presencia del Señor Jesucristo, lo veremos también como el Cristo glorificado. Creo que debemos respetar a nuestro Señor y tenerle reverencia.
Recuerde lo que dijo Jesús en Juan 15:14: “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”. Entonces nosotros debemos buscar la presencia del Señor, respetarle, obedecerle y amarle.
Juan, en medio de ese momento en que está caído, desmayado, paralizado, deslumbrado, escucha la clara y firme voz de su amado Señor Jesucristo, por el cual él estaba sufriendo el exilio en la isla de Patmos, que le dice con mucho amor, con mucha ternura: “No temas”. Este es nuestro Señor y Salvador, este es nuestro Dios, el que se compadece de nuestra humanidad, que comprende nuestros temores y desalientos, y que nos dice: no temas porque yo estoy contigo; no temas porque yo soy el primero y el último; no temas porque yo soy el Dios eterno, el que interviene en tu vida, el que tiene el control, el que estaba antes de que los montes naciesen y la tierra fuese formada; Yo Soy, y soy tu Dios.
Así como el Señor le dijo a Juan “No temas”, así mismo el Señor en este día nos anima en medio las enfermedades que atacan el mundo, en medio de los temblores y terremotos, en medio de los grandes desastres naturales, en medio de las grandes situaciones de conflicto y sediciones que hay en el mundo. El Señor nos dice: “No temas, porque yo estoy contigo y yo soy tu Dios”.
Que el Señor les bendiga.
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Estudio Apocalipsis 1:14-16 – Indry Cortés de Alvarado
Bendiciones hermanos y amigos del programa de radio Profecías Hoy. En este día, le extiendo una invitación para que usted pueda recibir ánimo de parte del Señor.
En medio de las cosas que se están viviendo en el mundo, nos damos cuenta que las cosas están cambiando muy rápido, radicalmente. Están habiendo cambios y esto, la verdad es que no va a parar. Muchas cosas van a avanzar más rápido de lo que pensábamos. Y todo esto nos indica que la venida de nuestro Señor Jesucristo se acerca. Son señales previas a la venida de nuestro Señor Jesucristo. Y la Palabra del Señor nos dice que el Espíritu y la Iglesia (y nosotros somos parte de la Iglesia) dicen: “Sí, amén, ven Señor Jesús, ven Señor Jesús”. Ese debe ser el deseo y el anhelo de nuestro corazón con respecto a nuestro amado Señor Jesucristo.
Continuamos con el estudio del libro de Apocalipsis. Vamos a estar leyendo desde los versículos 14 al 16 en esta oportunidad. Recuerde usted que el apóstol Juan fue un hombre que conoció al Señor Jesucristo cuando el Señor anduvo aquí en la tierra. Sin embargo, cuando él tuvo esta visión del Hijo de Dios, del Hijo del Hombre, pero glorificado, él quedó impresionado. Y yo creo que cualquiera de nosotros, al tener una visión de esta naturaleza, quedaría impresionado, quizás sin habla frente a la grandeza del Señor Jesucristo.
Dice así la Palabra del Señor (Apocalipsis 1:14-16):
“14 Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; 15 y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. 16 Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”.
“Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve”. El cabello blanco habla de edad avanzada y en la cultura hebrea está conectado con la idea de gran sabiduría y eternidad. Las frases “blancos como nieve” también enfatizan la idea de pureza (Isaías 1:18). Esto también implica majestad y autoridad.
El cabello blanco y la cabeza blanca también conectan a Jesús con el Anciano de Días (Daniel 7:9). El término “Anciano de Días” le pertenece a Dios el Padre, pero también se le asigna a Cristo, quien es igual que el Padre en cuanto a su naturaleza divina. Es un ejemplo de cómo los autores neotestamentarios atribuyen títulos y descripciones de Yahvé (יהוה), de Jehová a Jesús para enfatizar su deidad. Cuando vemos en la imagen su cabeza y su cabello blanco como la nieve, entendemos la antigüedad de su reinado, de acuerdo a Spurgeon. Pero esto no es solamente un emblema de antigüedad, sino la evidencia de su gloria. Pues la blancura y esplendor de su cabeza y cabello, sin duda procedían de los rayos de luz y gloria los cuales circundan su cabeza y que salen disparados en todas direcciones, de acuerdo al teólogo Clarke.
“Sus ojos como llama de fuego”. El fuego es a menudo asociado con el juicio en las Escrituras (Mateo 5:22; 2 Pedro 3:7). Los ojos de Jesús muestran el fuego de juicio penetrante que Él va a hacer un día. También simboliza su penetrante conocimiento, un escrutinio penetrante y juicio acérrimo (Daniel 10:6; Apocalipsis 2:18; 19:12).
“Sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno”. Ya que el fuego está conectado con el juicio, estos pies hablan de alguien que ha pasado a través de los fuegos del juicio y de las pruebas y que ha salido adelante con una pureza refinada. Jesús pasó por el fuego refinador y Él venció. Él es el Vencedor. ¡Aleluya! El bronce es un metal asociado con juicio y sacrificio. El altar de sacrificio de Israel era hecho de bronce (Éxodo 27:1-6) y era llamado el altar de bronce. El bronce también es un metal fuerte, el más fuerte conocido para el mundo antiguo. Por lo tanto, pies semejantes al bronce bruñido son un emblema de su estabilidad y permanencia, siendo el bronce considerado el más duradero de todas las sustancias o compuestos metálicos.
“Y su voz como estruendo de muchas aguas”. Esto significa que la voz de Jesús tenía el poder y majestad de una poderosa catarata. Era algo fuerte, era algo que implicaba autoridad.
“Tenía en su diestra siete estrellas”. Las siete estrellas hablan de los líderes o representantes de las siete iglesias mencionadas en Apocalipsis 1:11 y Apocalipsis 1:20. Las estrellas están seguras en la mano de Jesús. Ya que siete es el número de plenitud, podemos decir que Él tiene a toda la iglesia en sus manos. Y esto nos trae a nosotros una seguridad, porque somos parte de la Iglesia del Señor. Por lo tanto, Él nos tiene en sus manos. ¿Y en qué lugar vamos a estar más seguros que en sus manos? En medio de las cosas que están sucediendo en el mundo, a veces uno piensa: ¿cuál lugar puede ser un lugar seguro donde estar? Pero el lugar más seguro en que nosotros, los hijos de Dios, podemos estar es estando en el centro de la voluntad de Dios. No hay lugar más seguro que estar en el centro de la voluntad de Dios, y eso implica que nosotros estamos en las manos de Dios.
“De su boca salía una espada aguda de dos filos”. Esta es una espada pesada; la palabra allí es rhomphaia (ῥομφαία) en griego, utilizada para matar y destruir. Algunas veces el Nuevo Testamento habla de una espada más pequeña, táctica, conocida en el griego como machaira (μάχαιρα), que se encuentra en Hebreos 4:12. La idea de que salga de su boca no es que Jesús lleve una espada entre sus dientes; la idea es que esta espada es su espada, su arma es la palabra de Dios, y nuestra arma debiera ser también la palabra de Dios. Recuerde Mateo 4, donde el Señor fue tentado por el diablo y Él siempre se defendió usando correctamente la palabra de verdad, la palabra de Dios. Y Él mismo dijo: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Alguien lo explicó de esta manera diciendo que Juan no vio necesariamente una espada que salía de la boca de Jesús; él lo escuchó hablar, él sintió el poder penetrante de sus palabras, y éstas eran como una espada filosa que procedía de su boca. Es una espada aguda de dos filos: no hay manera de manejar esta espada sin cortarte, pues no tiene un solo filo, sino que en todos lados está su filo. La palabra de Cristo, de alguna u otra manera, es una palabra poderosa, una palabra con filo.
“Y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”. La gloria de Jesús es tan grande, tan brillante, que es difícil siquiera voltear a verle. Jesús tiene la misma gloria que se manifestó en su transfiguración, cuando su rostro brilló como el sol (Mateo 17:2). Su rostro era como el disco del sol en el día más brillante del verano, cuando no hay nubes para batir el esplendor de sus rayos.
¿Qué es lo que él ve en la mano derecha de Cristo? Siete estrellas. Pero qué insignificantes se ven cuando fijas tu mirada en su rostro. Estas son estrellas y hay siete de ellas. Pero ¿quién puede ver siete estrellas, o setenta mil estrellas, cuando está mirando al sol que brilla en su fuerza? Qué dulce es cuando el Señor mismo está tan presente en un lugar, en una congregación, en una iglesia, que el predicador, o el que está enseñando, quienquiera que sea éste, por grande que sea o reconocido que sea, es olvidado del todo por la presencia del Señor. Mira el sol y olvidarás las estrellas.
Todo en esta visión habla de la fuerza, majestad, autoridad y justicia. Hay una diferencia impresionante entre la visión de Jesús y los muchos retratos afeminados de un Jesús débil que se ven en el día de hoy. Pero el Jesús que Juan vio es el Jesús real, el Jesús que vive y reina en el cielo en el día de hoy y que reinará para siempre, por las edades, por los siglos de los siglos.
Debemos considerar el hecho de que esta es la única descripción de Jesús que se nos da en la Biblia. La otra descripción que se acerca está en Isaías 53:2, donde dice que no hay parecer en Él ni hermosura. Dice: “Le veremos sin atractivo para que le deseemos”. En nuestros retratos modernos de Jesús nos gusta pensar de Él como quisiéramos que fuera, como decimos en Chile “a la pinta nuestra”. Pero ¿sabe qué? El Jesús que el apóstol Juan vio es el Jesús como realmente Él es. Nosotros a veces preferimos ver a un Jesús de acuerdo a la carne. Pero Pablo dijo: “Y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no le conocemos así” (2 Corintios 5:16). Son maravillosos estos versículos donde vemos la descripción del Señor.
A continuación, quiero resumir el estudio de hoy analizando y recordando rápidamente cada uno de los versículos que hemos visto:
- “Su cabeza y sus cabellos eran blancos como lana, como nieve”. El cabello de Jesús se describe de la misma manera que el cabello de Dios el Padre. Esto demuestra que Jesús es igual al Padre, es eterno, es divino. El cabello blanco es frecuentemente relacionado con la sabiduría. Juan demuestra a sus lectores que el Padre y Jesús participan de la misma naturaleza.
- “Sus ojos como llama de fuego”. El fuego muestra que Él no tiene parcialidad hacia nadie. Son los ojos de un juez justo que todo lo sabe, que lo escudriña todo, que escudriña los corazones y las mentes (Apocalipsis 2:23).
- “Sus pies semejantes al bronce bruñido”. El bronce representa fortaleza. Asimismo, que el altar de bronce en el Antiguo Testamento era para sacrificios. Esto nos recuerda que Jesús fue también nuestro sacrificio, el sacrificio que se entregó por nosotros para nuestra salvación, para el perdón de nuestros pecados, para que nosotros pudiésemos estar bien con Dios y en una comunión verdadera con el Señor.
- “Su voz como estruendo de muchas aguas”. Su voz tiene gran poder y autoridad.
- “Tenía en su diestra siete estrellas”. El Señor tiene el control de todas las iglesias y tiene el control de nuestras vidas.
Que el Señor les bendiga, hermanos, y puedan estar meditando en estos versículos que revisamos en este estudio. Muchas bendiciones.
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Estudio Apocalipsis 1:12-13 – Indry Cortés de Alvarado
Estudio Apocalipsis 1:12-13 – Indry Cortés de Alvarado
Saludos y bendiciones, hermanos y amigos. Continuamos con el estudio del libro de Apocalipsis, un libro hermoso. A medida que lo vamos entendiendo un poco más, nos vamos deleitando y siendo animados por la Palabra del Señor. Este libro tiene promesas y bendiciones, pero tiene una bienaventuranza para aquellos que lo leen y una bendición grande para aquellos que lo obedecen.
Dice así la Palabra del Señor en Apocalipsis capítulo 1, versículos 12 y 13:
“12 Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro; 13 y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro”.
Parte diciendo el apóstol Juan: “me volví para ver la voz”. Esto es interesante la manera en que lo escribe, porque nosotros normalmente cuando escuchamos una voz no decimos “voy a ver esta voz”, sino que “voy a tratar de escucharla”, de quién es. Pero aquí dice “me volví para ver la voz”. Solo podemos imaginar qué habrá pasado por la mente del apóstol Juan mientras él se dio vuelta para ver esta voz.
La voz que él escuchó probablemente no era el mismo sonido que él recordaba de la voz que describió anteriormente en Apocalipsis 1:10. Juan en esa oportunidad la describió como “una voz de trompeta”. Él sabía que la descripción de la voz del Alfa y la Omega era la voz de Jesús. Pero en esta oportunidad, cuando Juan tiene que volver a ver, o tratar de ver de nuevo a Jesús, después de haberle conocido tan bien durante tantos años en su ministerio terrenal, ahora él está viendo a un Jesús glorificado, a un Jesús al cual él no había conocido de esa manera.
Primero, cuando Juan se dio vuelta, él no vio a Jesús directamente. En ese momento él vio siete candeleros de oro. Estos no eran candeleros normales, sino que eran lámparas de aceite de pie. Las lámparas estaban en estos candeleros. Había siete candeleros separados, y esta es una buena imagen que nos recuerda del candelero de oro que estaba de pie en el tabernáculo y en el templo (Éxodo 25:31-37). Pero este es diferente: el candelero del Antiguo Pacto en el tabernáculo judío era un candelero con siete lámparas en él para dar luz. Aquí en el Nuevo Pacto vemos siete candeleros.
Fíjese usted que la luz no viene de los candeleros, la luz viene de las mismas lámparas de aceite. Por lo tanto, los candeleros son una buena imagen de la iglesia. ¿Por qué decimos esto? Porque nosotros no producimos la luz, sino que nosotros exhibimos la luz, la luz que viene de nuestro Señor Jesucristo, quien dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas” (Juan 8:12).
En el versículo 12, estos siete candeleros de oro se están refiriendo a la iglesia. ¿Cómo podemos saber esto? Si usted va al versículo 20 del capítulo 1, dice:
“20 El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto son las siete iglesias”.
Recuerde usted que la Biblia se interpreta con la Biblia, entonces aquí claramente nosotros podemos entender que estos candeleros se referían a la Iglesia.
Luego sigue una descripción del Señor Jesucristo. En esta descripción de Jesús hay dos posibles relaciones con el Antiguo Testamento. Para la mayoría de las imágenes, Jehová, a quien está representando allí, o también podemos leer Daniel capítulo 10 refiriéndose al Señor.
Una lámpara no es una luz en sí misma, solamente es un instrumento para entregar, para dispersar, para llevar la luz, y debe recibir aceite y fuego constantemente para poder dispersarla y entregarla. Así que ninguna iglesia tiene en sí misma gracia o gloria propia; debe recibir todo de Cristo, quien es su cabeza; de otra manera no puede dar luz. Esto nos recuerda las palabras del apóstol Pablo cuando dice: “¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieses recibido?” (1 Corintios 4:7). Todo lo que nosotros tenemos y todo lo que nosotros somos proviene de nuestro Señor Jesucristo, y nosotros somos el medio que el Señor usa cuando nos rendimos a Él y queremos que Él sea glorificado para que Su luz brille. Como hijos del Señor, debemos dejar que la luz del Señor brille a través de nuestras vidas.
“En medio de los siete candeleros”, dice que vio a “uno semejante al Hijo del Hombre”. Jesús estaba allí en medio de los candeleros como el Hijo del Hombre, una figura de gloria. Si nosotros leemos Daniel 7:13-14, vemos que el Señor, el Hijo del Hombre, es una figura gloriosa. A pesar de que el título “el Hijo del Hombre” suene como algo humilde, en este pasaje y a la luz del pasaje de Daniel es algo que está representando grandeza.
Seguimos en el versículo 13, que dice que lo vio “vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro”. El vestido de Jesús indica que Él es una persona de gran dignidad y autoridad. Los vestidos largos, en el antiguo tiempo, solo eran utilizados por aquellos de gran estatus y autoridad.
El cinto de oro alrededor del pecho probablemente nos da la clave en cuanto a los vestidos del sumo sacerdote. Esto se puede encontrar en Éxodo 29:5 y también en Éxodo 39:1-5, donde se dice que había hilos de oro en el cinto que daba la vuelta alrededor del pecho del sumo sacerdote de Israel. Pero gloria a Dios, el cinto de Jesús tiene más que unos pocos hilos de oro: aquí dice que es todo de oro. ¡Cuán grande es el sacerdocio eterno y celestial de nuestro Señor Jesucristo! Como lo dice el libro de Hebreos, el Señor Jesucristo es superior a todos. Él es nuestro Sumo Sacerdote, superior, más majestuoso, más glorioso, más perfecto que todos los sacerdotes del Antiguo Pacto.
Uno de los deberes de los sacerdotes del Antiguo Testamento era atender el candelero de oro en el tabernáculo. Cada día ellos debían llenar el aceite, limpiar el hollín y cortar las mechas. Debían inspeccionar de cerca y cuidar las lámparas para que pudieran arder continuamente delante del Señor. Aquí está Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, en medio de los siete candeleros, inspeccionando cuidadosamente y cuidando las lámparas y ayudándoles para que siempre puedan arder de forma brillante delante del Señor. ¡Qué maravilloso es esto! Como el Señor cuida de sus hijos y les ayuda, y como dice también Juan, los poda (como se poda una vid) para que puedan dar más fruto (Juan 15:2).
La frase “en medio de los candeleros” señala también a Cristo como la persona que está en total control en medio de sus iglesias.
La ceñidura, en el Antiguo Testamento, significaba señal de poder, justicia y verdad (Isaías 22:21; Job 12:18; Isaías 11:5). Estos versículos nos hablan de lo majestuoso y glorioso que es el Señor en medio de sus iglesias.
Para ir resumiendo la idea, nosotros vemos la victoria en Cristo, porque Jesús se presenta como el testigo fiel y el Todopoderoso en este capítulo 1, y se presenta también como aquel que está en control de todo y de todos. Gloria a Dios, Él está en control de nuestras vidas, y nosotros debemos dejar que Él nos gobierne y que Su luz pueda ser vista por todos a través de nosotros.
Hay una canción que decía: “Enciende una luz, déjala brillar, la luz de Jesús, que brille en todo lugar”. Que nosotros podamos dejar que la luz de nuestro Señor Jesucristo brille a través de nuestras vidas.
Que el Señor les bendiga.
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Estudio Apocalipsis 1:10-11 – Indry Cortés de Alvarado
Estudio Apocalipsis 1:10-11 – Indry Cortés de Alvarado
Bendiciones queridos hermanos y amigos. Hoy continuaremos con el estudio del libro de Apocalipsis en el capítulo 1, versículos 10 y 11. Dice así la Palabra del Señor:
“10 Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, 11 que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea”.
En el versículo 10, “Yo estaba” (que dice “yo estaba en el Espíritu”) viene de una palabra griega egenomén (ἐγενόμην), que literalmente significa “llegué a estar”. Juan estaba sujeto y controlado por el Espíritu. Usted puede comparar esta experiencia de Juan con la experiencia de Pedro en Hechos 10:10 (donde dice que le sobrevino un éxtasis), o la de Pablo, que fue arrebatado hasta el tercer cielo (2 Corintios 12:2-3). Él estaba en el Espíritu, impulsado por el Espíritu, guiado por el Espíritu.
Sabemos que cada cristiano está en la esfera del Espíritu (Gálatas 5:16, 25), y se nos anima a perseverar, a andar en el Espíritu, a vivir en el Espíritu. Pero en Apocalipsis 1:10, la frase tiene un sentido especial. Según el comentarista Richard Chenevix Trench, “estar en el Espíritu” se refiere a una condición en la cual hay una suspensión de las facultades de la vida natural. Durante esa suspensión, uno entra en una actividad sobrenatural. También puede compararlo con la experiencia de Ezequiel (Ezequiel 2:2), donde dice que entró en el Espíritu. Durante el tiempo del Antiguo Testamento, la morada del Espíritu en los creyentes no era permanente, como lo es en la era de la Iglesia.
Juan fue llevado por el Espíritu a través del tiempo hacia el día del Señor. Él describe las cosas que ve y las que suceden en el cielo y en la tierra en ese día futuro, incluyendo las cosas que van a suceder durante la Gran Tribulación. Él las describe como observador, guiado e inspirado por el Espíritu Santo. Así que Juan, en el Espíritu, fuera del dominio del tiempo, comienza a ver las cosas que sucederán en el día del Señor.
Es importante notar que el libro de Apocalipsis contiene varias frases repetidas, algunas de las cuales son indicios de pensamiento progresivo. Parece que su intención es ayudar al lector, guiándolo a través del laberinto de expresiones figurativas, para poder descubrir una pauta de enseñanza que ayude a entender lo que se está expresando. La frase “en el Espíritu” aparece en Apocalipsis 1:10, y también en 4:2, 17:3 y 21:10. Las primeras dos citas hacen un contraste de lugares: en la primera, Juan está en la isla de Patmos; en la segunda, en el cielo. La tercera cita (17:3) toma lugar en una montaña, y la última en una montaña alta. El uso de esta frase en el espíritu es fundamental, porque marca la apertura de las cuatro secciones mayores del libro que contienen las visiones que Juan vio.
Continúa diciendo que oyó una gran voz. Usted puede comparar esa gran voz con el Salmo 29:3-9, Salmo 68:33, y también con lo que Daniel escuchó en Daniel 10:6. “Una gran voz como” es el primer uso de esta palabra en el libro. Juan tuvo que acudir a muchas similitudes para poder describir las portentosas revelaciones.
“Como de trompeta”. El sonido hacía pensar a Juan en lo asombroso de la entrega de la ley (Éxodo 19:16, 19). Durante la peregrinación en el desierto, el sonido de la trompeta indicaba la llegada de un importante mensaje del Señor. No es de extrañarse que un libro como Apocalipsis, que trata directamente con Israel, tuviera mucho uso de trompetas. Fue una ordenanza perpetua para la nación (Números 10:8, 10). Las trompetas fueron usadas para dar la ley (Éxodo 19:16), para el año del jubileo (Levítico 25:9), para reunir al pueblo (Números 10:2), para congregar a la gente en el tabernáculo (Números 10:3) llamar a los líderes (Números 10:4), para avisar una alarma (Números 10:5-7), para salir a la batalla (Números 10:9), y para los días de fiesta (Números 10:10).
“Oí detrás de mí una gran voz”. La gran voz que Juan escuchó era clara y fuerte como sonido de trompeta. La gran voz pertenece a el Alfa y la Omega, el primero y el último, quien es el principio y el final de todas las cosas. Jesús se introdujo a Sí mismo con estos títulos en Apocalipsis 1:8, así que sabemos que esta es la gran voz de Jesús, la voz como de trompeta. Esto era hecho para llamar a cada pensamiento distraído, para fijar su atención y solemnizar todo lo que venía a decir.
“El primero y el último” es un título que le pertenece al Señor, a Jehová del pacto con Israel. Usted puede leer que el Señor se presentó varias veces de esta manera en Isaías 41:4; 44:6; 48:12. El título de “el Alfa y la Omega” tiene la misma idea de “el primero y el último”. Este es uno de los pasajes del Nuevo Testamento donde Jesús reclama con claridad ser Dios.
Luego continúa diciendo: “Escribe en un libro lo que ves”. Aquí se le ordena a Juan que escriba lo que él ve. Esta idea de escribir se le ordenará otras once veces en el libro de Apocalipsis. A menos que se le dijera a Juan “escribe”, él pudo haber guardado las visiones para sí mismo. Pero él escribió guiado, dirigido y comandado por el Espíritu Santo. Es siempre mejor guardar las visiones y revelaciones para uno mismo, a menos que el Señor ordene hacerlo de otra manera.
Y luego dice: “Envíalos a las siete iglesias que están en Asia”. Se le ordena a Juan que escriba a las siete iglesias en siete ciudades. Cada una de estas iglesias está en la región de la provincia romana de Asia. Pero estas no eran las únicas ciudades con iglesias en esta región. Por ejemplo, había una iglesia en la ciudad de Colosas, a la cual el apóstol Pablo escribió la carta de Colosenses, pero la ciudad de Colosas no estaba incluida en las siete iglesias.
¿Por qué fueron elegidas estas siete iglesias específicamente? Algunos sugieren que es porque están acomodadas toscamente en un patrón circular. Otros han pensado que era porque eran distritos postales en la provincia romana de Asia. Muchos creen que se eligieron siete iglesias porque el número siete representa plenitud en la Biblia. Estas cartas, y todo el libro de Apocalipsis, están escritas para toda la iglesia, no solamente para estas siete iglesias. Por eso hay una bienaventuranza para aquellos que leen, oyen y obedecen las palabras escritas en este libro (Apocalipsis 1:3). Muchos comentaristas modernos y antiguos creen que las siete iglesias representan a las iglesias de todos los tiempos. Es la opinión de muchos escritores que nuestro Señor mencionó estas siete iglesias para indicar todas las iglesias de Cristo hasta el final del mundo, mostrando lo que iban a vivir, representando a las iglesias por los siglos, y cuáles eran sus deberes .
De manera interesante, el apóstol Pablo también escribió a siete iglesias, por lo menos siete que quedaron registradas en nuestro Nuevo Testamento: Roma, Corinto, Gálatas, Éfeso, Colosas, Filipos y Tesalónica.
El número siete es prácticamente la base de todo el plan del libro de Apocalipsis. Bíblicamente hablando, el número 7 es la suma de 3 y 4, significando que lo divino y lo humano entran en contacto. Hay una relación entre el número 3 y el número 4 que no es por casualidad. Estos dos números indican la relación entre la exhortación y la promesa, las cuales se encuentran al final de cada carta (Apocalipsis 2:7, 2:11, 2:17). En las cartas a Éfeso, Esmirna y Pérgamo, la exhortación precede a la promesa, lo cual significa que la gracia y la capacidad divina son manifiestas en la constancia de las primeras tres iglesias. Pero en los últimos cuatro mensajes (Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea), la promesa viene primero y luego la exhortación (Apocalipsis 2:26; 3:5; 3:12; 3:21). ¿Cuál es la insinuación? Que las cosas del mundo (el número 4 con su relación terrenal) causarán la decadencia espiritual en las cuatro últimas iglesias.
Para los judíos, el número siete era el número de lo completo, perfecto. Por eso usted puede entender mejor la pregunta de Pedro al Señor en Mateo 18:21, donde le pregunta cuántas veces debe perdonar a su hermano que le ofende, y dice: “Señor, ¿hasta siete?” Porque siete implicaba el máximo, el total, lo perfecto. Nosotros en Chile lo podemos entender muy bien porque nuestro sistema de calificación va del 1 al 7, donde el 7 es la nota máxima, la excelencia.
Lo importante aquí es que nosotros nos mantengamos firmes en estos tiempos finales que vivimos, que sigamos adelante estudiando la Palabra del Señor, y que procuremos estar en el Espíritu como lo estuvo Juan en el día del Señor, teniendo presente que nuestro Señor es el Alfa y la Omega, el primero y el último, el que controla todas las cosas, y que nuestro Señor está por venir y nosotros debemos estar preparados.
Que el Señor les bendiga.
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Estudio Apocalipsis 1:9 – Indry Cortés de Alvarado
Estudio Apocalipsis 1:9 – Indry Cortés de Alvarado
Bendiciones hermanos y amigos de este programa. Estamos aquí una vez más para continuar con el estudio del libro de Apocalipsis. Recordemos que la revelación de este libro no se enfoca tanto hacia la política, el pánico, las guerras, las plagas o los virus, sino que se enfoca en una persona, y esa persona es el Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo. Hoy vamos a estudiar Apocalipsis capítulo 1 versículo 9, y dice así la Palabra del Señor:
“9 Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo”.
Fíjese usted que Juan se llama a sí mismo compañero de ellos, hermano de ellos. A las personas les gustan mucho los títulos que los eleven sobre los demás, y desafortunadamente ese negocio de los títulos ha contaminado e infectado a la Iglesia. Pero aquí nosotros vemos a Juan, el último apóstol sobreviviente, y él ni siquiera menciona que es apóstol. Él dice: “Yo Juan, vuestro hermano y copartícipe vuestro”. Nosotros necesitamos aprender del carácter de nuestro hermano Juan, saber que cuando estemos delante del Señor, todos estaremos en un mismo nivel. Usted es tan importante para Dios como lo es el más grande de los predicadores, pastores o ministros que usted conoce. Todos estaremos delante del Señor en un mismo nivel, y es hermoso ver a Juan identificándose a sí mismo como un hermano, como un compañero con aquellos a quienes les está escribiendo, compañero con ellos y de ellos en la tribulación.
Juan, recuerde que fue desterrado a la isla volcánica conocida como Patmos. Esa isla tiene unos 16 kilómetros de largo y 9 km de ancho. Bajo el edicto de Diocleciano, Juan había sido desterrado y enviado a esa isla. Anteriormente, Juan había sido desterrado de Jerusalén cuando Tito vino y destruyó el templo, y fue a Éfeso, donde se convirtió en el líder de la iglesia, supervisando las iglesias de Asia (lo que hoy es Turquía).
Juan se ve a sí mismo como un compañero en la tribulación. Esta no es la Gran Tribulación de la que se estudiará más adelante en el mismo libro de Apocalipsis, sino que es la tribulación que sufren los cristianos por causa del Señor alrededor del mundo. Yo creo que nos acercamos a un tiempo de tribulación, de aflicción, de persecución como iglesia del Señor, donde las cosas se van a poner cada vez más hostiles cuando usted se declare como un cristiano verdadero. Jesucristo mismo lo dijo en Juan 16:33: “En el mundo tendréis aflicción”. El mundo es opuesto y antagonista al Evangelio de Jesucristo y a la Iglesia del Señor.
El apóstol Pedro dice:
“12 Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese” (1 Pedro 4:12).
Hay un antagonismo natural del corazón malvado contra un corazón puro, que es el corazón del cristiano que ha sido lavado y limpiado por la sangre del Cordero de Dios. Recuerde que esto viene desde el principio. Desde el tiempo de Caín y Abel hubo un antagonismo, una enemistad.
En el tiempo de Juan, la iglesia estaba enfrentando una dura persecución. Prácticamente todos los demás apóstoles ya habían sido martirizados, asesinados violentamente por su fe en Jesucristo. Juan era el único que quedaba de los apóstoles. Él ya era un hombre anciano y estaba en la isla de Patmos por la persecución que el gobernante Diocleciano había hecho contra la iglesia. Así que Juan dice: “Yo Juan, vuestro hermano, copartícipe vuestro en la tribulación”. Él les dice: “Yo sé que están atravesando tribulación. Yo soy su hermano, soy su compañero en estas cosas, y en el reino, y en la paciencia”.
La paciencia era el esperar en el regreso del Señor. Pareciera que hay un sentimiento de que el Señor está demorado, que Él está retrasando las cosas. Recuerde usted que Jesús estaba ministrando y Juan el Bautista fue puesto en prisión, y desde allí envió a sus discípulos a Jesús diciéndole: “¿Eres tú el que hemos de esperar, o esperaremos a otro?” (Mateo 11:3). En otras palabras, Juan el Bautista estaba diciendo: “¿Cuándo te vas a mostrar? ¿Cuándo te vas a hacer cargo? ¿Cuándo establecerás el reino?” Muchas veces nosotros nos sentimos de la misma manera, cansados de esperar. Pero recuerde que la Palabra del Señor nos anima y nos enseña a ser pacientes y esperar la venida del Señor, esperar las cosas que Él ha dicho que van a suceder, porque todo lo que el Señor dijo que iba a suceder, hermanos y amigos, así va a suceder. Dice la Escritura:
“36 Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa” (Hebreos 10:36).
Nos es necesaria la paciencia, hermanos y amigos, mientras esperamos la venida del Señor, porque claramente las Escrituras nos dicen que va a haber dificultades, aflicciones y tribulaciones para los cristianos. Si a usted le han dicho una cosa diferente, quiero que entienda que la verdad de la Palabra de Dios es que los cristianos van a pasar por dificultades.
Los exiliados en Patmos eran personas que en su mayoría habían sido criminales. Sin embargo, el único crimen que el anciano Juan había cometido, por así decirlo, era compartir las buenas noticias de Jesucristo: que hay vida en Jesús, que hay salvación, que hay libertad. Y por esa ofensa, el emperador de Roma lo había desterrado a Patmos para morir de hambre en su ancianidad. Pero Dios tenía otros planes. Usted siempre sepa que los planes de Dios son mayores y mejores que los que el enemigo quiere imponernos y que los que nosotros mismos muchas veces queremos para nosotros.
Aquí, en el aislamiento del exilio, el apóstol Juan iba a recibir la revelación más sorprendente de los acontecimientos futuros que jamás se haya otorgado a una mente humana. Pero no solamente eso, sino que él estaba recibiendo la revelación del mismo Hijo de Dios, de la persona de nuestro Señor Jesucristo, en gloria y majestad. ¡Qué cosa más maravillosa!
La revelación que Dios le dio a Juan se ha prolongado por muchos siglos, sobrepasando incluso la tecnología sofisticada que tenemos en estos tiempos. Lo mejor de todo es que Juan vio a Jesús mismo en Su grandeza, y las palabras humanas no eran suficientes para describir todo lo que él vio. Sin embargo, a pesar de todo eso, él se presenta como “yo soy vuestro hermano, vuestro consiervo, copartícipe en las tribulaciones”. Él no les habla desde una alta posición apostólica, sino que habla como un copartícipe, como alguien que vive lo mismo que ellos.
La verdad de que habría compañerismo en los sufrimientos por el nombre de Cristo era una clara doctrina enseñada a los creyentes desde el principio. Usted lo puede ver en: 2 Corintios 1:7; Filipenses 3:10; Filipenses 4:14; 1 Pedro 4:12. Los ciudadanos celestiales sufren angustias terrenales, y a la vez sufren los unos viendo sufrir a los otros, porque dice la Palabra que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él (1 Corintios 12:26).
En el texto griego, los tres términos (tribulación, reino y paciencia) están unidos por un solo artículo. El orden cronológico debe ser: tribulación, paciencia, reino. Pero Juan enfatiza que, al esperar el reino, el creyente pasará por tiempos difíciles, esperando pacientemente la venida del Señor. ¡Gloria a Dios!
Juan estaba en la isla de Patmos, una isla que era como lo que fue en un tiempo la isla de Alcatraz, una prisión para mantener aislados a los peores criminales. Juan estaba en el exilio sobre esta isla solitaria y desolada, pero nada lo pudo apartar del Señor Jesucristo. Nosotros, hermanos, hoy en día nada nos puede apartar del amor de Dios, excepto que usted se aleje del Señor. Porque el apóstol Pablo dice: “¿Qué nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, hambre, persecución, desnudez, peligro o espada?” (Romanos 8:35). Y yo agregaría en el día de hoy: ¿o un virus? Nada nos puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús.
Nuestro amado hermano Juan estaba en la isla por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Fue arrestado y puesto en prisión durante ese tiempo de persecución por parte de los romanos, y se ve a sí mismo y se dice: “Soy vuestro hermano, soy copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo”. ¡Gloria a Dios! Pero él no se quedó allí, sino que siguió cumpliendo su ministerio en medio de aquellas personas que lo rodeaban. De la misma manera, nosotros tenemos que seguir adelante en este tiempo que estamos viviendo. Tenemos que seguir adelante en medio de las revoluciones sociales, en medio de las pandemias, y en medio de todas aquellas cosas que van a seguir viniendo sobre la tierra, porque eso es lo que dice la Palabra de Dios. Que nuestra fe en el Señor sea como la del apóstol Juan en el Señor Jesucristo, que se mantuvo firme hasta el final.
Que el Señor les bendiga, queridos hermanos.
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Read MoreEstudio Apocalipsis 1:8 – Indry Cortés de Alvarado
Estudio Apocalipsis 1:8 – Indry Cortés de Alvarado
Bendiciones hermanos y amigos, les saludo una vez más. Continuamos con el estudio del libro de Apocalipsis. Estamos en el capítulo 1, y hoy vamos a estudiar brevemente el versículo 8. Dice así la Palabra del Señor:
“8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.”
Usted sabe que en muchas traducciones y ediciones de la Biblia, estas palabras están en rojo. Esto nos muestra que los traductores creían que estas palabras eran palabras de Jesús. Y no es extraño pensarlo así, porque Juan ya estaba terminando su introducción y ahora Jesús se introduce a Sí mismo. ¿Y por qué digo que no es extraño? Porque si recordamos los primeros versículos de este mismo capítulo 1, la revelación (el Apocalipsis, que significa “revelación”) es la revelación de Jesucristo. Así que en ninguna manera puede parecer extraño que Él se esté presentando a Sí mismo.
Algunos se han preguntado si Dios el Padre o Dios el Hijo están hablando aquí. Mayormente creemos que es Dios el Hijo, el Señor Jesucristo, por varias razones:
- Primero, ya que es la revelación de Jesús, parece apropiado que Él se introduzca de esta manera.
- Segundo, el título “El Alfa y la Omega” y “Principio y Fin” son títulos reclamados específicamente por Jesús. Usted los puede ver en Apocalipsis 22:13, donde dice: “Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último”.
- Tercero, aunque el título “el que es, y que era, y que ha de venir” es utilizado por Dios el Padre en Apocalipsis 1:4, también es cierto de Dios el Hijo, y parece ser dirigido a Jesús en Apocalipsis 11:17 y Apocalipsis 16:5.
“El Alfa y la Omega, principio y fin”. La idea detrás de estos títulos para Jesús es que Él es antes de todas las cosas, y que permanecerá más allá de todas las cosas. Alfa (Α) era la primera letra del alfabeto griego, y Omega (Ω) era la última letra. Jesús dice: “Yo soy la A y la Z”, si lo ponemos en términos que podamos entender. “Soy el principio y el fin”. Si Jesús es ambos (principio y fin), entonces Él también tiene autoridad sobre todas las cosas que están en medio. Esto significa que Jesús tiene un plan para la historia y que Él dirige el camino de los eventos humanos hacia el cumplimiento de Su diseño. No es que a Dios alguna cosa lo tome por sorpresa o se le haya salido de las manos. Nuestro Dios es Todopoderoso.
Nuestras vidas no fueron dadas sin sentido o al azar, sino que tienen un propósito. Nosotros, como cristianos, tenemos que entender que tenemos un propósito en Dios, y tenemos que procurar alcanzar el propósito que Él tiene para nosotros. Jesucristo, quien es el Alfa y Omega, principio y fin, dirige toda la historia de la humanidad, y también dirige nuestras vidas, principalmente si nosotros nos rendimos a Él y nos dejamos guiar por Él.
Continúa el versículo diciendo: “el que es, y que era, y que ha de venir”. Como fue mostrado anteriormente cuando estudiamos Apocalipsis 1:4, esta frase comunica la idea detrás del gran nombre del Antiguo Testamento para el Dios Trino. Esto refleja Su naturaleza eterna y Su presencia inmutable. Jesús tiene esta naturaleza eterna tanto como la tiene Dios el Padre. Si usted recuerda, Miqueas 5:2 lo expresa de manera profética: “y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad”. También lo vemos en el Nuevo Testamento, Hebreos 13:8, que lo expresa así: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. ¡Gloria a Dios!
“El Todopoderoso”. Esta palabra se traduce del griego Pantokrátōr (Παντοκράτωρ), que significa literalmente “aquel que tiene Su mano en todo”. Esto nos habla del gran control de nuestro Señor Jesucristo, quien es soberano sobre el pasado, el presente y el futuro. Esta palabra “Todopoderoso” es una gran palabra utilizada diez veces en el Nuevo Testamento, y nueve de esas diez veces aparecen en el libro de Apocalipsis. Este libro hace hincapié en la soberanía de Dios, en el entendimiento de que Él tiene Su mano en todo, de que Él tiene el control de todo.
No lo olvide cuando usted está pasando por pruebas, por situaciones, por tribulaciones. Quizás ha perdido su trabajo, quizás tiene familiares enfermos. Recuerde que el Señor, nuestro Dios, es Todopoderoso. Nuestro Dios es soberano y Él tiene el control. Aférrese a eso, confíe en Él, y confíe que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).
“8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.”
Jesucristo dice que Él es el Alfa y la Omega. Él es la primera y la última letra del alfabeto. Todo lo que está entre medio (todo el lenguaje que se puede construir con un alfabeto) depende del Señor. Y recuerde que Jesucristo es llamado por el apóstol Juan “el Verbo de Dios” (Juan 1:1). El Señor Jesucristo es la revelación completa, es la comunicación inteligible y comprensible de Dios. El único idioma que Dios habla y comprende es este idioma del cual Jesús es el Alfa y la Omega.
El Señor Jesucristo cubre el tiempo y la eternidad, y agota el vocabulario de la excelencia. Él es la fuente y la meta de la creación, y Él es quien comenzó y pondrá fin al programa de Dios en el mundo. Si usted quiere comunicarse con Dios, ya sabe cómo hacerlo: en el nombre del Señor Jesucristo, por medio del Señor Jesucristo. El apóstol Pablo también dice en 1 Timoteo 2:5 que no hay otro mediador entre Dios y los hombres, sino solo Jesucristo.
El principio y el fin se refieren a la eternidad del Hijo y a Su inmutabilidad. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por todos los siglos. Eterno en Su ser, y es Poderoso, Todopoderoso. Él no ha cambiado; Él es inmutable. ¡Gloria a Dios!
Así que nosotros tenemos que aferrarnos completamente a Él, especialmente en estos tiempos que vivimos. Recordemos que Él es el comienzo y el fin de todo, que Él tiene el control de todas nuestras vidas, y que estas cosas que estamos viviendo y pasando en el mundo están bajo el control del Señor. Nosotros, como hijos de Dios, tenemos que escuchar Su voz y dejarnos guiar por el Verbo Divino, por Aquel que es el principio y el fin, el Alfa y la Omega, el Todopoderoso. Amén.
Que el Señor les bendiga.
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Read MoreEstudio Apocalipsis 1:7 – Indry Cortés de Alvarado
Estudio Apocalipsis 1:7 – Indry Cortés de Alvarado
Bendiciones hermanos y amigos, les saludo una vez más en este día recordando siempre que nuestro Señor Jesucristo viene, y muy pronto. Continuamos con el estudio del libro de Apocalipsis. Estamos en el capítulo 1, y hoy vamos a estudiar el versículo 7. Dice así la Palabra del Señor:
“7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén”.
Vamos en detalle.
Dice aquí la primera parte: “He aquí que viene”. El apóstol Juan pasa de alabar a Jesús a describir Su regreso. Él quiere que veamos la venida de Jesús, que prestemos atención. Jesús mismo dijo que observáramos y esperáramos por Su venida: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor” (Mateo 24:42). Esto es algo que debemos mantener en mente.
Como señala el comentarista David Guzik, esta no era una visión sobrenatural del regreso de Jesús (esa vendría después), sino una descripción basada en el entendimiento de Juan de las promesas del Antiguo Testamento sobre el retorno del Mesías y de las propias palabras de Jesús. Por ejemplo, Juan sabía que Jesús regresaría porque Él mismo dijo: “Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo” (Juan 14:3). Cristo no se fue al cielo para quedarse allí para siempre; Él se fue para beneficio de la iglesia, y por ese mismo beneficio volverá otra vez. La verdad de Su venida es como un imán que nos acerca más a Él, levantando nuestra mirada por encima del mundo y de nosotros mismos para fijarla solo en Él.
“Viene con las nubes”. Cuando Jesús regrese, estará rodeado de nubes. Esto será literal, porque cuando Jesús dejó esta tierra, fue tomado en una nube, y Dios dijo que regresaría de la misma manera (Hechos 1:9-11). Pero también será cierto en un sentido figurado, porque multitudes de creyentes son llamados “nube de testigos” en Hebreos 12:1. Las nubes están comúnmente asociadas con la presencia y la gloria de Dios. En el Antiguo Testamento, a esto se le llamaba la Shekinah, la gloria visible de Dios (Éxodo 13:21-22; 16:10; 19:9; 24:15-18). Al entender esta conexión con la gloria de Dios, nos damos cuenta de lo maravilloso que es que a los creyentes se les llame también una nube de testigos.
Juan no necesitó una visión especial para saber que el Señor viene con las nubes. Él sabía esto porque estaba escrito en el Antiguo Testamento (Daniel 7:13-14) y en las propias palabras de Jesús: “y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo y todo ojo le verá”. (Mateo 26:64).
“Y todo ojo le verá”. Cuando Jesús regrese, no será una venida secreta; todos lo sabrán. En Su primera venida fue, en cierto modo, más discreta; no todos reconocieron que Él era el Señor y el Mesías. De hecho, durante su primer ministerio, Él nunca apareció en las primeras noticias de Roma. Pero cuando regrese, todo ojo le verá y lo sabrá. Juan no necesitó una visión especial para saber esto; escuchó al mismo Jesús decir:
“26 Así que, si os dijeren: Mirad, está en el desierto, no salgáis; o mirad, está en los aposentos, no lo creáis. 27 Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre”. (Mateo 24:26-27).
Esto revela la venida física y visible de Cristo. Cuando Juan escribió “y todo ojo le verá”, indicaba que Su aparición será una aparición física corporal que podrá apreciarse visualmente. Según las Escrituras, cuando nuestro Señor Jesucristo saque a la iglesia de la tierra. Es decir, a todos los creyentes de este mundo en el arrebatamiento de la iglesia y los lleve a los cielos, Él no será visible para todos. Nosotros nos encontraremos con Él en las nubes, como se lee en 1 Tesalonicenses 4:17. Sin embargo, el énfasis en este libro profético de Apocalipsis es sobre Su venida a la tierra para establecer Su reino, y esta afirmación (“todo ojo le verá”) se refiere a ese momento glorioso y público cuando toda la humanidad contemplará Su retorno en poder y gran gloria, después de la tribulación.
“Y los que le traspasaron”. Cuando Jesús vuelva, será una revelación particularmente significativa para el pueblo judío. Por supuesto, no fueron únicamente los judíos los que le traspasaron, porque en un sentido todos nosotros le traspasamos con nuestros pecados. Pero sabemos que Juan tiene en mente la revelación de Jesús para su propio pueblo, porque esto es una alusión a Zacarías 12:10. Cuando Jesús se revele a sí mismo, a su propio pueblo, los judíos, no será con ira.
En ese tiempo la nación judía ya habrá vuelto a Jesús y habrá podido darse cuenta de que Él era el Mesías (Mateo 23:39; Romanos 11:25-26). Cuando ellos vean a Jesús y Sus manos y pies traspasados, será un doloroso recuerdo de su previo rechazo hacia Él, cumpliéndose así la profecía de Zacarías 12:10:
“10 Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.”.
Juan no necesitó una visión especial para saber que los que le traspasaron se lamentarían al verle nuevamente, porque ya estaba escrito en la profecía. Por supuesto, él recibió por el Espíritu Santo esa impartición para tener la claridad, en ese momento de lo que iba a pasar en el futuro y escribirlo.
“Y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él”. Cuando Jesús regrese, no solamente será el pueblo judío el que hará lamentación por haberle rechazado; habrá mucha otra gente. En Apocalipsis 7:9 se describe una gran multitud de todas las naciones. Todos, al ver las cicatrices en Jesús, sabremos que por causa nuestra las tiene. En otras palabras, esas cicatrices son marcas del amor de Dios por nosotros, al tomar el Señor Jesucristo nuestro lugar y llevar nuestra pena y culpa en la cruz del Calvario, marcas de amor.
Juan no necesitó una visión especial para saber que todos los linajes de la tierra harían lamentación por Él; necesitó solamente recordar las palabras de Jesús:
“30 Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.” (Mateo 24:30).
El versículo termina con un “Sí, amén”. Amén (ἀμήν) significa “así sea”, “así será”.
Es una afirmación de certeza, porque el Señor Jesucristo es fiel. Él no va a cambiar Su plan ni Su modo de pensar. Él es fiel y constante en todo, siempre. Confiemos en Él, siempre.
Nosotros, como cristianos, debemos recordar que el Señor viene. “He aquí”, viene. Nuestro Señor dijo que venía pronto, así que levantemos nuestros ojos y estemos contentos de que nuestro Señor es fiel, permanece para siempre y Su reino es inconmovible.
Que el Señor les bendiga.
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Irán Responde a Trump: “Es un Sueño que se Llevarán a la Tumba” y la Guerra se Intensifica
Como ustedes bien saben, continúa en pleno la guerra en el Medio Oriente, Israel y Estados Unidos contra Irán. La situación es trágica, es dantesca y es profética. Muchas cosas están pasando y debemos entender todos estos eventos a la luz de la profecía bíblica.
El sitio web AS.com desde España reporta las últimas declaraciones del presidente iraní en medio del conflicto:
“Irán contesta a las exigencias de Trump: ‘Es un sueño que se llevará a la tumba’. El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, afirma que no se contempla una rendición incondicional de su país como pide su homólogo estadounidense.
El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, ha afirmado este sábado que la exigencia del mandatario estadounidense, Donald Trump, de una rendición incondicional de la República Islámica ‘es un sueño que se llevarán a la tumba’.
‘La idea de que Irán se rendirá incondicionalmente es un sueño que ellos se llevarán a la tumba’, ha dicho Pezeshkian en el segundo vídeo emitido por su oficina desde el comienzo de la guerra el pasado 28 de marzo.
Pezeshkian ha respondido así a Trump, quien aseguró el viernes que ‘no habrá acuerdo con Irán’ y que solo aceptará una ‘rendición incondicional’.
Pide perdón a los países vecinos y dice que no atacará si no atacan desde allí
Asimismo, Pezeshkian ha asegurado que su país ha decidido poner fin a los ataques contra los países vecinos, a menos que sea atacado desde esos territorios, contra los que ha lanzado misiles y drones durante la primera semana de la guerra”. (1)
El Momento Profético que Vivimos
Todos los eventos proféticos están ocurriendo prácticamente juntos. Hemos visto cómo las noticias de todas las naciones nos traen esta tremenda guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán. La situación es compleja. Nadie sabe cómo va a terminar esto.
Hoy ha dicho el presidente de Irán en esta noticia, pocas horas atrás, que ellos no se van a rendir como espera Donald Trump. De alguna forma el mensaje es: no se le ocurra a los norteamericanos pedirnos rendición, vamos a pelear hasta el final. Y por su parte Donald Trump ha dicho: no voy a hablar con ellos a menos que sea una rendición incondicional.
Y en este intertanto, las bombas van, las bombas vienen, los misiles van, los misiles vienen, los aviones no tripulados como drones siguen cayendo sobre Israel y también hay ataques sobre Irán. En realidad, la situación es tremendamente compleja.
Lo que Puede Esperar Después de la Guerra
Esta guerra, cuando termine, puede redibujar completamente la geopolítica mundial y particularmente la geopolítica en el Medio Oriente. Es decir, lo que podemos esperar cuando esta guerra termine es una serie de cambios tremendos.
Por un lado, podríamos ver a Irán derrotado, reducido a una expresión muy mínima, y esto le daría a ellos unos años más de preparación hacia la venganza que ellos quieren. Por su parte, Israel podría entrar a un tiempo de relativa calma y tranquilidad si es que tanto Israel como Estados Unidos ganan la guerra o de alguna manera le hacen un daño tan profundo a Irán que la guerra deba detenerse.
Pero por otro lado, dependiendo del desarrollo de esta guerra, Estados Unidos podría verse muy complicado. Hay que recordar que hay mucha gente islámica dentro de Estados Unidos, y también muchos persas o iraníes que pueden estar esperando la orden de ataque para salir a hacer grandes atentados dentro de Estados Unidos.
El Silencio Profético sobre Estados Unidos
Ahora bien, la Palabra de Dios no define con claridad a la nación de Estados Unidos en los eventos finales de los días del tiempo del fin. Es decir, Estados Unidos no aparece mencionado, por ejemplo, en la batalla de Ezequiel capítulos 38 y 39, donde Gog y Magog vienen por el norte de Israel a atacar con el fin de destruir a la nación judía, en un tiempo en que se encuentra totalmente en paz.
Y esto implica que Estados Unidos podría salir de la escena mundial, ya sea porque se produce una división interna, o porque les cae un misil o una bomba seminuclear, o por eventos de guerra civil. Porque esta situación de Donald Trump, si la guerra se alarga, va a producir efectos dentro de Estados Unidos que hoy día tal vez no son imaginables.
Israel y el Quebranto Profético
Por otra parte, la situación de Israel es tremenda. Siguen cayendo misiles y bombas sobre territorio israelí. Si bien Israel tiene grandes sistemas de defensa, hay misiles de última generación que penetran todos los sistemas y caen sobre Israel, causando un daño que es bastante significativo. Si bien no es un daño hoy día a nivel de destruir a la nación judía, sí es un daño que causa impacto.
Y lo que estamos viendo aquí en el escenario espiritual es que ya, con todo esto que está ocurriendo en el Medio Oriente, comienza el quebranto de Israel para que en un determinado momento pueda un remanente profético volverse a Cristo y reconocerle como el Mesías.
El Grito de Paz y Seguridad
Lo que vamos a ver prontamente es que aumentan en el mundo entero los gritos de paz y seguridad, porque dependiendo del armamento que se usa en esta guerra, las naciones están con expectativas y con mucho terror esperando ver cómo esto se resuelve. Porque si se llega a usar armas nucleares, vamos a estar a días de la tribulación, y a días del aparecimiento del Anticristo, porque se está conformando este escenario.
Los Actores Proféticos en Movimiento
Por un lado, Irán es un actor profético importante mencionado en la Biblia, y mencionado en particular en Ezequiel capítulos 38 y 39. Vemos también que otras naciones comienzan a participar. Vladimir Putin de Rusia ha llamado al presidente iraní y se dice que Rusia está prestando inteligencia para que Irán se defienda de los ataques de Israel y de Estados Unidos. Falta ver cómo van a participar los chinos, que solo hasta el momento han hecho declaraciones.
Pero indiscutiblemente, esta guerra nos va a dejar listos para los días de la tribulación. Van a haber grandes cambios geopolíticos en el Medio Oriente, las naciones se van a reordenar. Irán no va a ser destruido completamente, de acuerdo a nuestra comprensión de la profecía bíblica, sino que se va a reorganizar para venir después, por el norte, hacia el ataque a Israel de Ezequiel 38 y 39.
Nuestra Aproximación Profética
Así que lo que puede ocurrir, y recuerde usted que hacemos nuestra mejor aproximación profética, es que después de esta guerra Irán quede limitado en producción de armas y en capacidad de ataque, e Israel entre a un tiempo de relativa calma y paz. Porque la Biblia dice que cuando se produce el ataque por el norte, Israel está viviendo en paz, en calma, y eso solo se podría dar con la neutralización geopolítica de Irán, quitándole la capacidad de producir armas, y por otra parte Israel controlando a todos los grupos terroristas que lo atacan.
Hay que recordar que ahora Israel se está defendiendo de los ataques de Hezbolá por el norte. Israel también ha estado bombardeando en el Líbano las zonas que controla Hezbolá.
El Llamado Final
En realidad, el Medio Oriente está en un momento muy volátil. Es posible que esta sea la última gran guerra antes del inicio de los días de la tribulación y antes de que se dé la batalla de Ezequiel capítulos 38 y 39.
El tiempo es breve. Vivimos días proféticos. Pronto va a sonar la trompeta del arrebatamiento. Iglesia, no te descuides. Cristo viene.
El que tiene oídos para oír, que oiga.
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(1) https://as.com/actualidad/politica/iran-contesta-a-las-exigencias-de-trump-es-un-sueno-que-se-llevara-a-la-tumba-f202603-n/
