Estudio Apocalipsis 1:10-11 – Indry Cortés de Alvarado
Estudio Apocalipsis 1:10-11 – Indry Cortés de Alvarado
Bendiciones queridos hermanos y amigos. Hoy continuaremos con el estudio del libro de Apocalipsis en el capítulo 1, versículos 10 y 11. Dice así la Palabra del Señor:
“10 Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, 11 que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea”.
En el versículo 10, “Yo estaba” (que dice “yo estaba en el Espíritu”) viene de una palabra griega egenomén (ἐγενόμην), que literalmente significa “llegué a estar”. Juan estaba sujeto y controlado por el Espíritu. Usted puede comparar esta experiencia de Juan con la experiencia de Pedro en Hechos 10:10 (donde dice que le sobrevino un éxtasis), o la de Pablo, que fue arrebatado hasta el tercer cielo (2 Corintios 12:2-3). Él estaba en el Espíritu, impulsado por el Espíritu, guiado por el Espíritu.
Sabemos que cada cristiano está en la esfera del Espíritu (Gálatas 5:16, 25), y se nos anima a perseverar, a andar en el Espíritu, a vivir en el Espíritu. Pero en Apocalipsis 1:10, la frase tiene un sentido especial. Según el comentarista Richard Chenevix Trench, “estar en el Espíritu” se refiere a una condición en la cual hay una suspensión de las facultades de la vida natural. Durante esa suspensión, uno entra en una actividad sobrenatural. También puede compararlo con la experiencia de Ezequiel (Ezequiel 2:2), donde dice que entró en el Espíritu. Durante el tiempo del Antiguo Testamento, la morada del Espíritu en los creyentes no era permanente, como lo es en la era de la Iglesia.
Juan fue llevado por el Espíritu a través del tiempo hacia el día del Señor. Él describe las cosas que ve y las que suceden en el cielo y en la tierra en ese día futuro, incluyendo las cosas que van a suceder durante la Gran Tribulación. Él las describe como observador, guiado e inspirado por el Espíritu Santo. Así que Juan, en el Espíritu, fuera del dominio del tiempo, comienza a ver las cosas que sucederán en el día del Señor.
Es importante notar que el libro de Apocalipsis contiene varias frases repetidas, algunas de las cuales son indicios de pensamiento progresivo. Parece que su intención es ayudar al lector, guiándolo a través del laberinto de expresiones figurativas, para poder descubrir una pauta de enseñanza que ayude a entender lo que se está expresando. La frase “en el Espíritu” aparece en Apocalipsis 1:10, y también en 4:2, 17:3 y 21:10. Las primeras dos citas hacen un contraste de lugares: en la primera, Juan está en la isla de Patmos; en la segunda, en el cielo. La tercera cita (17:3) toma lugar en una montaña, y la última en una montaña alta. El uso de esta frase en el espíritu es fundamental, porque marca la apertura de las cuatro secciones mayores del libro que contienen las visiones que Juan vio.
Continúa diciendo que oyó una gran voz. Usted puede comparar esa gran voz con el Salmo 29:3-9, Salmo 68:33, y también con lo que Daniel escuchó en Daniel 10:6. “Una gran voz como” es el primer uso de esta palabra en el libro. Juan tuvo que acudir a muchas similitudes para poder describir las portentosas revelaciones.
“Como de trompeta”. El sonido hacía pensar a Juan en lo asombroso de la entrega de la ley (Éxodo 19:16, 19). Durante la peregrinación en el desierto, el sonido de la trompeta indicaba la llegada de un importante mensaje del Señor. No es de extrañarse que un libro como Apocalipsis, que trata directamente con Israel, tuviera mucho uso de trompetas. Fue una ordenanza perpetua para la nación (Números 10:8, 10). Las trompetas fueron usadas para dar la ley (Éxodo 19:16), para el año del jubileo (Levítico 25:9), para reunir al pueblo (Números 10:2), para congregar a la gente en el tabernáculo (Números 10:3) llamar a los líderes (Números 10:4), para avisar una alarma (Números 10:5-7), para salir a la batalla (Números 10:9), y para los días de fiesta (Números 10:10).
“Oí detrás de mí una gran voz”. La gran voz que Juan escuchó era clara y fuerte como sonido de trompeta. La gran voz pertenece a el Alfa y la Omega, el primero y el último, quien es el principio y el final de todas las cosas. Jesús se introdujo a Sí mismo con estos títulos en Apocalipsis 1:8, así que sabemos que esta es la gran voz de Jesús, la voz como de trompeta. Esto era hecho para llamar a cada pensamiento distraído, para fijar su atención y solemnizar todo lo que venía a decir.
“El primero y el último” es un título que le pertenece al Señor, a Jehová del pacto con Israel. Usted puede leer que el Señor se presentó varias veces de esta manera en Isaías 41:4; 44:6; 48:12. El título de “el Alfa y la Omega” tiene la misma idea de “el primero y el último”. Este es uno de los pasajes del Nuevo Testamento donde Jesús reclama con claridad ser Dios.
Luego continúa diciendo: “Escribe en un libro lo que ves”. Aquí se le ordena a Juan que escriba lo que él ve. Esta idea de escribir se le ordenará otras once veces en el libro de Apocalipsis. A menos que se le dijera a Juan “escribe”, él pudo haber guardado las visiones para sí mismo. Pero él escribió guiado, dirigido y comandado por el Espíritu Santo. Es siempre mejor guardar las visiones y revelaciones para uno mismo, a menos que el Señor ordene hacerlo de otra manera.
Y luego dice: “Envíalos a las siete iglesias que están en Asia”. Se le ordena a Juan que escriba a las siete iglesias en siete ciudades. Cada una de estas iglesias está en la región de la provincia romana de Asia. Pero estas no eran las únicas ciudades con iglesias en esta región. Por ejemplo, había una iglesia en la ciudad de Colosas, a la cual el apóstol Pablo escribió la carta de Colosenses, pero la ciudad de Colosas no estaba incluida en las siete iglesias.
¿Por qué fueron elegidas estas siete iglesias específicamente? Algunos sugieren que es porque están acomodadas toscamente en un patrón circular. Otros han pensado que era porque eran distritos postales en la provincia romana de Asia. Muchos creen que se eligieron siete iglesias porque el número siete representa plenitud en la Biblia. Estas cartas, y todo el libro de Apocalipsis, están escritas para toda la iglesia, no solamente para estas siete iglesias. Por eso hay una bienaventuranza para aquellos que leen, oyen y obedecen las palabras escritas en este libro (Apocalipsis 1:3). Muchos comentaristas modernos y antiguos creen que las siete iglesias representan a las iglesias de todos los tiempos. Es la opinión de muchos escritores que nuestro Señor mencionó estas siete iglesias para indicar todas las iglesias de Cristo hasta el final del mundo, mostrando lo que iban a vivir, representando a las iglesias por los siglos, y cuáles eran sus deberes .
De manera interesante, el apóstol Pablo también escribió a siete iglesias, por lo menos siete que quedaron registradas en nuestro Nuevo Testamento: Roma, Corinto, Gálatas, Éfeso, Colosas, Filipos y Tesalónica.
El número siete es prácticamente la base de todo el plan del libro de Apocalipsis. Bíblicamente hablando, el número 7 es la suma de 3 y 4, significando que lo divino y lo humano entran en contacto. Hay una relación entre el número 3 y el número 4 que no es por casualidad. Estos dos números indican la relación entre la exhortación y la promesa, las cuales se encuentran al final de cada carta (Apocalipsis 2:7, 2:11, 2:17). En las cartas a Éfeso, Esmirna y Pérgamo, la exhortación precede a la promesa, lo cual significa que la gracia y la capacidad divina son manifiestas en la constancia de las primeras tres iglesias. Pero en los últimos cuatro mensajes (Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea), la promesa viene primero y luego la exhortación (Apocalipsis 2:26; 3:5; 3:12; 3:21). ¿Cuál es la insinuación? Que las cosas del mundo (el número 4 con su relación terrenal) causarán la decadencia espiritual en las cuatro últimas iglesias.
Para los judíos, el número siete era el número de lo completo, perfecto. Por eso usted puede entender mejor la pregunta de Pedro al Señor en Mateo 18:21, donde le pregunta cuántas veces debe perdonar a su hermano que le ofende, y dice: “Señor, ¿hasta siete?” Porque siete implicaba el máximo, el total, lo perfecto. Nosotros en Chile lo podemos entender muy bien porque nuestro sistema de calificación va del 1 al 7, donde el 7 es la nota máxima, la excelencia.
Lo importante aquí es que nosotros nos mantengamos firmes en estos tiempos finales que vivimos, que sigamos adelante estudiando la Palabra del Señor, y que procuremos estar en el Espíritu como lo estuvo Juan en el día del Señor, teniendo presente que nuestro Señor es el Alfa y la Omega, el primero y el último, el que controla todas las cosas, y que nuestro Señor está por venir y nosotros debemos estar preparados.
Que el Señor les bendiga.
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